Querida yo misma a los 15 años

Esta es la carta que me habría gustado leer hace ocho años, cuando estaba en el colegio sin tener ni idea de qué iba a pasar después. Ahora mismo no sé qué va a pasar en los próximos tres meses. Ojalá pudiese ver tan solo unos instantes donde voy a estar para entonces, o pudiese leer una carta como esta escrita con mis 28. Empecemos el flashback y fastfoward:

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Bolonia, febrero 2016

Hola Claudia, soy tú misma con algunos añitos más de los que tienes ahora. Te escribo simplemente para decirte que estés tranquila y que todo va a salir bien. Lo que ahora te parece un mundo, no lo es y lo que hoy te preocupa, mañana no existe.

Hoy estás terminando 3º de la ESO, peleándote en el peor curso que has pasado. Aunque las matemáticas siempre te han costado, después de las de este año, ya no vas a tener que volver a pelearte tanto con ellas. En 4º podrás hacer la rama de letras donde dicen que son más sencillas y verás como siendo la recta final de esta asignatura, las sacarás con más ganas. Luego llegarás a bachillerato donde podrás hacer la rama de ciencias sociales, pero como la primera clase de matemáticas será con el mismo profesor que tan mal te las ha explicado durante 3º, harás la rama de humanidades y te olvidarás de ellas.

Aprenderás sobre historia, que aunque te resultará difícil memorizarla y entenderla, en unos años repasarás algunos capítulos de ella. Viajarás a Berlín y entenderás mejor la 2ª Guerra Mundial, verás el muro que se levantó durante la Guerra Fría y al pasear por la Topografía del Terror o por el Museo Judío, todas las fechas y nombres que aparecen en tus apuntes cobrarán sentido. También estudiarás filosofía y te amueblará la cabeza, haciéndote reflexionar sobre cómo somos y qué nos lleva a estar hoy aquí, de dónde venimos, cómo se debe organizar la sociedad o qué sistema económico es mejor. Esto último también puede liarte al principio, pero cuando veas el panorama político de 2016, las ideas de los filósofos más capitalistas o los más comunistas encajarán en los programas a los que echarás un vistazo cuando estés confusa sin saber a quién votar. Porque sí, te vas a confundir o más bien, te van a confundir. Sobre todo en tus primeras votaciones autonómicas, o las segundas. Te adelanto que votes lo que votes ese 20 de diciembre, se repetirán ocho meses después. Pero aunque te confundas, no dejes de ejercer tu voto, es un derecho que ha costado muchos años que puedas conseguir.

En estos años vas a conocer a mucha gente. Tendrás amigos que aunque se distancien, te darás cuenta que si los necesitas siempre están ahí. Al igual que con 15 años tienes personas que piensas que van a estar en cualquier momento, a los 22 verás que te dieron la espalda en cuanto te caíste. Te pasará con 15, con 17 o teniendo 20 (y seguramente después de esa edad también). Por no hablar de chicos por los que podrás pillarte como una tonta y no pase nada. Habrá otros a los que querrás y con los que pasarás algunos años haciendo castillos en el aire. Pero te adelanto una cosa: te van a romper las ilusiones que te montaste con una simple llamada de teléfono. Aunque parezca el fin del mundo, porque será tu primera ruptura seria, saldrás adelante. Pero ¿sabes que? Vas a aprender tanto del golpe y error que eso te hará crecer y estar preparada para lo siguiente que venga. Tus padres estarán contigo para celebrar cada buena noticia y para abrazarte si las cosas no salen bien, aunque discutas con ellos un poco más de ahora en adelante, no olvides nunca todo lo que te quieren al igual que los quieres tú a ellos. Conocerás a gente que te dirá que eso del amor es efímero, que no dura para siempre, pero tú seguirás creyendo en él, porque nadie te hará perder las ganas de vivirlo. Ya sabes lo que dice El Principito: “Es una locura odiar todas las rosas sólo porque una te pinchó. Renunciar a todos tus sueños porque sólo uno de ellos no se cumplió.”.

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París, marzo 2016

Entonces será 2015, una tarde en la que hablarás de todo esto con un chico al que conocerás por pura casualidad este invierno a tus 15 años. Hasta que no cumplas los 21 no le vas a conocer en persona pero seguiréis hablando por chat, mantendréis una buena amistad en la que aunque habléis de vez en cuando, os contáis todo. Ahora mismo no sabes de quién te hablo pero ¿sabes qué? Siete años más tarde, te vas a enamorar. Así con todas sus letras. Aprenderás a querer bien y a querer libre. Vas a estar con él en una relación a distancia, sí, sí. Tú. La que te prometiste que nunca harías eso. Por algo se dice que nunca digas “de este agua no beberé”. Aprenderás a disfrutar de tu independencia y de quien eres. Aprenderás que para querer a alguien, primero tienes que quererte tú misma. Aunque tu autoestima no estuviese en su mejor momento, un año después la tendrás alta y te querrás como nadie te ha sabido querer antes. Te sentirás con ganas de comerte el mundo y con la suerte de poder compartirlo con la persona de la que te has enamorado. Conocerás su ciudad, esa que te atrapó en una semana, él conocerá los sitios donde has crecido de pequeña. Os conoceréis cada día más y mejor. Él probará tu sushi favorito y tú descubrirás a qué sabe el helado de su barrio con sabor a cielo. Descubrirás que la confianza que te transmitía durante esos años, todo lo que os habéis contado de vuestras anteriores relaciones durante ese tiempo de amistad, sin querer, o sin querer queriendo, ha hecho que hoy estéis aquí.

Vas a viajar por toda Europa, Claudia, vas a disfrutar de cada ciudad con los cinco sentidos. Saborearás los dimsum de China a los 15, llorarás de emoción aterrizando en Nueva York a los 16, descubrirás el caótico y apasionante Japón a los 19, comerás un brownie en Amsterdam a los casi 20, volarás sola por primera vez a Berlín a los 21, dormirás en la casa más bonita de Oporto también a los 21 y volverás a París a punto de cumplir los 22. De verdad, te esperan viajes apasionantes. Además, cuando acabes la carrera podrás sumergirte en una ciudad alemana durante al menos dos meses con una escapada a una isla griega paradisíaca como Corfú. Yo que tú me prepararía para todo lo que viene. Papá y mamá te seguirán llevando a un montón de sitios, y a los que vayas sin ellos, estarás deseando contarles qué tal lo has pasado, junto con todas las fotos que harás con la réflex que te regalarán por las buenas notas en la carrera.

¿Sabes qué? De ser la que sacaba cincos o seises raspados en el colegio, elegirás una carrera que te entusiasmará, de verdad, aunque estés perdida sin saber qué elegir en bachillerato, elegirás una que te hará ser casi de las mejores de la clase. Sí, sí, tú la que en el cole es siempre de las que se queda de las últimas. Porque descubrirás que cuando encuentras tu sitio, sabes disfrutarlo. Aunque te desanimarás y aburrirás un poco por el camino, trabajarás desde que termines 1º de carrera. Serás la única de tus amigos que en vez de estar en la piscina dos meses en verano, va a la oficina a trabajar ¿pero sabes qué? Aunque piensen que estás mal de la cabeza, terminarás la carrera con tres años de experiencia que te habrán permitido conocer tu profesión desde distintos puntos de vista. Pero no te conformes con eso, porque también te hará sentirte perdida sin saber dónde encajas. Trabajarás en sitios que te apasionen más, otros menos, tendrás jefes de todos los tipos y todos ellos te aportarán algo a tu desarrollo profesional. Valorarás cada consejo que te den.

Hasta que hoy a tus 22 años, cometerás una pequeña locura. Lo dejarás todo y te irás a probar suerte a otro país que no es el tuyo, donde no conoces a nadie pero conocerás de verdad y convivirás con la persona de la que te has enamorado. Descubrirás más a fondo esa ciudad que tanto te gustó el año pasado y él te presentará a la “nueva familia” que se creó para sentirse como en casa en esa ciudad que tampoco era la suya cuando llegó hace tres años.

No te asustes por todos los cambios que vas a vivir en los próximos tres o cuatro meses, no tengas miedo si no te encuentras o si piensas que cambiar de ciudad no es un camino de rosas como tú pensabas. Te lo adelanto, al igual que lo ha hecho tu mejor amiga la noche anterior: no es un camino de rosas. No va a ser fácil, pero estarás dispuesta a darlo todo por conseguir cumplir la ilusión que te creaste hace exactamente un año. Te vas a volver a descubrir a ti misma. Y lo más importante de todo, sabrás que eres capaz.

Florencia, febrero 2016

Florencia, febrero 2016

Si al final no encuentras trabajo y tienes que volver a Madrid, espero que no te hundas, ya verás como dentro de unos años tendrás una historia que contar y de la que habrás aprendido infinidad de cosas. Llegar hasta aquí no ha sido la tarea más fácil del mundo, así que podrás con esto y mucho más.

Los sueños, sueños son, pero con ganas y con pasión, los puedes hacer realidad. Y durante todo ese proceso, no te olvides nunca ser siempre digna e íntegra contigo misma.

Tú.

Entre nubes está el recuerdo

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Dicen que los recuerdos que tienes se graban mejor cuando realizas viajes. Momentos, personas, lugares, curiosidades, sabores de una ciudad que hacen que el tiempo que pases en ella sea inolvidable. Estoy segura de que al decir esta frase has elegido el destino de un viaje que hiciste. Esa es la prueba de que lo que vives en un viaje merece ser recordado siempre. Cada vez que despegas, cuando vuelas de vuelta a casa y aterrizas, tu maleta incluye un montón de vivencias que te pertenecen a ti y a la ciudad escogida para vivirlo. Quizás sientas esos nervios llenos de emoción. Que la tripa te haga cosquilleos mientras estás en el avión. Que tengas ganas de vivir más de eso. Que de estos momentos es de lo que está hecha tu vida.

Por eso, para recordar, viaja. Saborea cada plato nuevo. Huélelo todo, desde el café del desayuno, el de especias de tu comida, el del vino nuevo que pruebas, hasta las sábanas limpias cuando te acuestas. Han descubierto que a los enfermos de alzheimer les ayudan a recordar haciéndoles oler esencias de cosas que hayan respirado antes. La música también ayuda a recordar y ha sido usada en estos pacientes. Si puedes escuchar algo especial cuando tengas un ratito sólo para ti durante ese viaje, te invito a hacerlo. Dedícatelo. Porque valdrá la pena que se quede contigo. No sé tú, pero yo tengo recuerdos que quizá habrían pasado desapercibidos si no fuera porque recuerdo la canción que sonaba en ese momento.

Abre los ojos y deja tu corazón dispuesto a sentir, que los cinco sentidos harán que se te quede grabado para siempre.

Diciembre de recapitulación

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Este año no he parado de decirlo. Algunos me lo habéis notado. He sido puro torbellino de emociones. Y eso se ha visto reflejado en mis hormonas, en mis hábitos alimenticios, en mi personalidad, en mis emociones, en mis comportamientos en casa, en mi familia… En todo. Hasta que por fin llegó la estabilidad. La calma. Hoy puedo decir que estoy terminando el año como no me imaginaba en enero que lo terminaría.

Esta vez Facebook se ha encargado de recordar lo que había hecho ese día el año pasado, el anterior, el de antes… A vosotros también os lo ha recordado. Ha habido días que he adorado rememorar esos recuerdos. Otros han sentado peor, pero en todos ellos he podido reflexionar y alegrarme de estar donde estoy. Quiero que en 2016 me empiece a recordar cómo ha sido este. Porque de verdad, ha sido emocionante.

Este año he llorado como hacía tiempo que no lo hacía. No me arrepiento de haberlo hecho, me he desahogado como y cuando hacía falta. Y lo mejor es que tengo un bonito recuerdo de esos días. He soltado lágrimas por amor y aunque fuera con toda la rabia e impotencia del mundo, me puedo recordar con cariño al saber que al final me iba a ir bien. Ya lo decía Lennon, si al final no sale bien, es que no es el final. Me he rodeado de las mejores personas, esas que me han dado los abrazos más gigantes y  reparadores que he recibido jamás. Que aunque en esos momentos me sintiese derrumbada, sin hambre, sin ganas de hacer nada, después he salido reforzada. Pero no todo han sido lágrimas agridulces.  También he llorado de emoción, he sentido cosas tan j*didamente bonitas, me han dicho palabras, he leído emails y he vivido momentos tan especiales que esas lágrimas han sido las más increíbles que he tenido. Y esas emociones son las que nos hacen sentir más vivos que nunca. Porque sí, este año (y va para largo), estoy con las emociones a flor de piel. Me siento más sensible y blandita que nunca.

Este 2015 ha sido movidito, muy movidito. Este año es uno de esos donde diría que volvería a vivirlo. Todo. Con sus partes buenas y las no tan buenas. En las buenas volvería a disfrutar a cámara lenta, en las malas volvería a aprender. Porque lo he hecho como nunca. Me he conocido también como nunca aunque para qué negarlo, también me he desorientado. Y lo que me queda. Dicen que de conocerte no terminas de hacerlo en la vida, que siempre habrá algo capaz de sorprenderte cuando menos te lo esperes. Me he visto en situaciones muy diferentes que me han pillado por sorpresa y me han puesto a prueba. He conocido sitios, he redescubierto lugares, he capturado momentos, he disfrutado bocados… Durante estos 12 meses he tenido el honor de conocer el interior de personas que ya conocía  de antes pero a las que nunca me había abierto tanto y ellos también lo han hecho conmigo. Éstas son tan bonitas por dentro y por fuera que me muero por seguir compartiendo con ellos estos momentos. No hace falta que los mencione, ellos saben quienes son. Por todas esas conversaciones en persona o vía chat: Gracias, de corazón.

El 2016 viene pisando fuerte. Voy a terminar la carrera, en los próximos 5 meses tengo tres escapadas fuera de España programadas y quizás le pueda dar un giro profesional a mi vida. Lo último es quizá algo más ambicioso pero no será por falta de ganas.

Mi 2015 queda marcado por personas y las emociones que me han hecho vivir. Por el aprendizaje que he ganado. Por un viaje. O varios. Por muchas casualidades. Y por una apuesta.

¿Hacemos del 2016 otro año que recordar?

Incertidumbre a besos

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Se quedó con ganas de un beso… Esa despedida lo pedía a gritos.

No sabía de qué iba a ser ese beso, no sabía como iba a reaccionar ni como iba a sentirse si lo hacia. Esa muestra de cariño no podía ser solo de amistad, los amigos no se besan así.

El momento era para besarse. Completamente. Sin saber cuando iban a volver a verse porque no se pusieron fecha de volver a hacerlo. Le entró miedo hacerlo, pensar qué podría pasar si lo hacia.

Como la primera vez, el beso de la apuesta con el que se lanzó. Sí. Se apostó un beso, como quien apuesta que a la siguiente ronda de cervezas invita.

Se asustó por no saber en qué se convertiría ese gesto. Ese que cada día muchos malgastan sin darle importancia, que un beso no tiene que cambiar nada, que puedes dárselo a quien sea aunque no tengas nada especial. Pero no, en su interior significa mucho más. Algunos dirán que exagera, que no es para tanto.

Quizás pensó demasiado y a esas cosas no hay que darle tantas vueltas. Estuvo un ratito pensando: “cómo me despido, qué hago”. Y aunque al final fue como finalmente decidió hacerlo, sin ese beso, se durmió pensando que tenía que haberlo dado.

Dejar un recuerdo especial de algún tipo.

Eso sí, a la mañana siguiente,  se despertó con él. Con un bonito recuerdo.

El resto de la historia, aún está escribiéndose.

Continuará.

IB 3674

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Coge un avión sin pensártelo dos veces. Hazlo. Lo llevas deseando hacer desde hace tiempo. Todo el mundo dice “qué ganas tengo de coger un avión de repente sin darle vueltas” pero pocos lo hacen.  La sensación es indescriptible. Sobre todo cuando despegas con un cóctel de emociones y se te escapa alguna que otra lágrima. Cuando no sabes qué tal se va a dar esa semana allí y vas a estar descubriéndote en situaciones nuevas. Situaciones que cada día van a ir haciéndote que te plantees si esto es lo que quieres hacer de verdad.

Dale la vuelta a tu historia, que aquí estás tú para crearla, para ser protagonista de lo que estás a punto de vivir. Tienes alas para volar, pies para salir corriendo. Empieza a crear algo de lo que estés orgulloso, sal de lo que no te gustaba y que te tenía sin pasar página. Evoluciona, crece. Y que lo vean.

Atrévete a apostar por algo que siempre pensaste que no serías capaz de hacer. Apuesta al rojo, al negro, al color que te de la gana, pero apuesta. Juégatelo, que aquí estamos para jugárnoslo todo. Y yo he venido a apostar. Por ti, por mí, por nosotros.

Siéntete libre, para querer, para olvidar, para salir, para volver. Pero hazlo. Que “quien bien te quiere te hará volar”. Y tanto que me haces volar. Que no es querer mucho, que es querer bien. Y no se me ocurre mejor manera de querer(te).

Volveré a coger ese IB 3674. Lo tengo ya comprado para volver. Porque volar ese 14 de julio es de las mejores decisiones que he tomado. Volvería a coger ese avión mil millones de veces. Volvería a volar allí hasta que la ciudad se supiese de memoria qué sitios me gustan, en cuales quiero ir de la mano si me siento insegura,  en cuales volvería a quedarme inmortalizando momentos con atardeceres especiales. Una ciudad que me haga perderme en su metro con estaciones innombrables, que me haga buscar desesperada buses que van en mil direcciones y no saber dónde está el mío, que me den ganas de entrar en todas sus tiendas pequeñas y originales, que sus paredes pintadas me pidan pararme para fotografiarlas todas, que quiera probar todas sus cervezas artesanales, que me quiera perder por sus calles buscando en el mapa los fotomatones analógicos que fueron testigos del principio de una historia.

Vuela, conmigo.  A donde sea. Volemos.

 

Emociones de papel

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Se ha perdido la ilusión de escribir y recibir cartas en papel. Ayer recibí mi primera carta escrita de puño y letra. La emoción es inmensa.

Sé que la mayoría de los que leáis esto conoceréis esa sensación de sobra. Os habréis mandado mil cartas que posiblemente guardaréis, cuando no había ni emails ni todas las RRSS en las que podemos dedicarle palabras y fotos bonitas a quien nos importa. También habéis vivido el no tener móvil y depender de una cabina de teléfono. Visteis como ese móvil y sus SMS fueron la revolución. Luego ya aparecieron las redes sociales… Medios que hacen que las relaciones a distancia de antes nada tengan que ver con las de ahora. A los que pudisteis con ella, con la temida palabra “distancia”, tenéis mi más profunda admiración.

No sé vosotros, pero quiero vivir esas sensaciones que muchos habéis disfrutado. Que broten sin querer sonrisas al ver una carta a vuestro nombre, que se te escape una lágrima al leerla, sentir a la otra persona más cerca, la sorpresa de saber si hoy habrá un sobre con sello de colores, la pena de ir al buzón y que aún no haya llegado, la intriga de no saber cuándo responderá, ni cuándo llegará, los nervios al abrir el sobre, no tener la inmediatez en la respuesta, el cosquilleo en la tripa que te invade todo el cuerpo mientras vas leyendo, poder pasar el dedo por las letras y sentir el roce de la tinta…

“Me hace ilusión ser el primero (y quizás el último) que te mande una carta en papel”.

Pinchazos de recuerdos

SallyFoto.

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Empiezo el dia sonriendo gracias a la enfermera que me ha hecho el análisis. Se ha fijado en mi colgante diciéndome que era muy bonito y que de dónde era. Le he dado las gracias aunque el mérito no fuese mío, que llevaba tiempo buscándolo y que era de un mercadillo gigante de Berlín, a lo que me contesta que se imaginaba algo así, que en España iba a ser difícil encontrarlo…

– ¿Y cómo es que estabas en Berlín? – Le cuento que de vacaciones, que tenía un amigo allí que me había dicho varias veces que fuera a verle, que me acogía en su casa cuando quisiera. Así que allí me planté. Sin conocerle en persona aunque llevásemos 6 años hablando por chat y emails. Dispuesta a conocer la ciudad, por las mañanas como una turista mientras él trabajaba. Por las tardes como si fuera local, él venía a recogerme a donde fuera que estuviese para enseñarme más rincones. Un viaje para conocer la ciudad, ponerle ojos y voz a él y lo más importante, conocerme a mí misma.

Es muy posible que me haya dado esa conversación para entretenerme porque me notaba algo nerviosa por el pinchazo (aunque al ser donante, esa aguja es como un cariñito), pero he salido de la consulta con una sonrisa de oreja a oreja recordando el viaje.

Le he dado las gracias por hacer que me distraiga mientras me pinchaba pero realmente ¡me han dado ganas de invitarla a un café y contarle más!

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P.D.: pronto os hablaré de las fotos que ilustran este post. Me las hizo SallyFoto y fue una experiencia preciosa.

Colorea con ganas

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Su primer beso fue de pequeño, en clase de plástica, mientras pintaban con ceras de colores. Un amigo suyo le preguntó si se atrevía a darle un beso a la niña que se sentaba allí, en primera fila. Con ilusión y ganas él se acercó a ella y le plantó un beso. De repente llegó la monja y los vio. Horrorizada, le sacó de clase enfadada, lo llevó al despacho del director, llamó a sus padres y les explicó que cómo podía hacer esas cosas siendo tan pequeño, ¡que la culpa será de los padres, si los niños copian todo lo que ven de sus mayores!

Con su inocencia terminó el colegio, siguió creciendo y aprendiendo. Se hizo adulto, pero siempre con un corazón joven. De esos que no tienen una edad determinada. Porque la edad es un estado mental. Con esa inocencia algunas veces le hicieron daño, sí. Porque aquí nadie viene, entra en tu vida y al terminar se va de rositas. Desde el que tiene más coraje y es fuerte hasta el más sensible y vulnerable. Nadie sale inmune de las historias que va viviendo. A veces dejan marcas que no se borran, otras hacen heridas que acaban sanando, otras aunque tengas un rasguño, lo puedes disimular. Otras son más de empezar haciendo cosquillas y siguen haciéndolas día a día.

Su corazón estuvo en periodo de reposo unos meses. No quería meterse en algo nuevo porque llegó a pensar que no iba a ser capaz de estar con alguien que pudiera hacerle sentir tan bien. Tan bien como se siente consigo mismo, que no iba a aparecer alguien con quien le iba a apetecer hacer ese estado de felicidad más grande. Llegó a perder la esperanza.

Después de ese tiempo, hoy es capaz de ser feliz. Claro que es capaz. Estaba segura de que siempre iba a ser capaz. De repente no tiene miedo a volver a querer, ni miedo a volver a sentir.

Las ceras de colores aunque estén rotas, siguen pintando ¿verdad?. Entonces en la vida, por muchos pedacitos que te hayan roto, no hay que tener miedo. Mejor tomársela con ganas. Y seguir coloreando. Con las ceras nuevas y con las que tienen algún rasguño. Sean como sean, no las tires, siempre van a ser capaces de llenar tu lienzo de color.

– Basado en hechos reales. Y tan reales.

Sentir

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Tocaba el piano desde hacía años. Sus amigos le llamaban “iceman”, porque nunca parecía tener sentimientos. Y si los tenía, era imposible saber qué estaba sintiendo en ese momento. Realmente los tiene, claro que los tiene, muy escondidos y en el fondo del corazón. Es más de quedárselo todo guardado dentro, no le gusta hablar de ello a no ser que se lo intentes sacar de alguna forma sutil. Porque a veces si no se lo sacas, no te lo dirá.

Y ahí estaba yo, intentando saber qué sentía en ese momento. Le recordé las palabras más bonitas que me había dicho nunca: “Dice mi profesor de piano que desde que estoy contigo, la música que toco suena mejor.” Y cuando se lo dije me respondió otra de las frases que se me quedarán grabadas para siempre: “Tú me enseñaste a sentir”.

Entonces fui yo la que se quedó sin palabras.

Las batallas del abuelo

(Imagen: Parroquia de San Miguel, Las Rozas, tras la batalla de La Niebla, entre diciembre de 1936 y enero de 1937)

Es ley de vida. Naces, creces, te reproduces y mueres. Más tarde o más temprano pero es así. Probablemente, pocos hayáis tenido la suerte de conocer a una persona de noventa años y pico con quien poder hablar. Probablemente de ese pequeño porcentaje, no todos os habrán contado batallitas de la época. Pero hay muchos grados de batallitas y de lo que quiero hablar hoy es de las que fueron más que eso.

Las batallitas a las que me quiero referir son a la Guerra Civil Española, que comprendió los años 1936 a 1939. Bien, todos sabemos lo que pasó, cómo pasó, porqué y cómo acabó. Pero estoy al 100% segura de que uno o ninguno ha tenido la experiencia de hablar con una persona que os pueda contar cómo lo vivió él. Desde dentro de la mismísima trinchera. Matando a todo aquel que apareciese por delante y que iba contra él. Seguro que uno o ninguno ha escuchado a una persona de más de noventa años, contar con todos los detalles que puede recordar, cómo se sentía mientras volaban balas a su alrededor. Cómo por ser una guerra civil, tenía que terminar con la vida de personas que podían ser sus amigos porque les había tocado estar en el otro bando. Escuchar cómo se alegra de haber salido de semejante hecho histórico con vida diciendo “yo pude sobrevivir y salir vivo de ahí”.

Es triste, tarde o temprano llegará el momento en el que esta persona se vaya, y con él, se irán todos esos recuerdos que nadie mejor que él podría describir. Es un placer poder tener la oportunidad de escuchar de primera mano, hechos tan importantes que marcaron todo un período de la historia. Nadie como un bisabuelo que aún a sus 95 años es capaz de recordar a duras penas, ese trágico capítulo de la historia española que duró tres largos años. Salir de su pueblo a sus 17 y no volver hasta tres años después. Es extraño coger los apuntes de historia, estudiarlos y pensar que ese señor que ha vivido contigo en verano, que te traía colines cuando iba a comprar el pan, estuvo metido en un hecho histórico que te ha tocado estudiar. De la misma manera que iba a comprar el pan, una actividad tan normal como esa, tuvo que convertir en algo frecuente el hecho de apretar un gatillo y ver caer a una persona en frente suyo. Pensar en que tú lo estudias, pero él ha escuchado las balas silbando detrás de sus oídos.

Dan ganas de quedarte con él horas y horas exprimiendo entre sus recuerdos, tratando que te cuente aún más mientras sus ojos se vuelven llorosos. Ver cómo intenta hacer todos los esfuerzos posibles para intentar contarte más para que entiendas tú también lo duro que es estar ahí. Que te diga que por el monte que tienes más cerca de casa, hace muchos años tuvo que bajar corriendo porque le perseguían, girarse, matar a los que corrían tras él y seguir cuesta abajo como si nada hubiese pasado.

Oportunidades de este tipo no se tiene todos los días y es muy triste que personas así no puedan vivir siempre, que puedan quedar sus historias de primera mano, para poder seguir haciéndoselo llegar a los siguientes generación tras generación. Me encantaría pensar que mis hijos podrían hablar con mi bisabuelo, porque nadie como él puede explicar mejor un hecho como este desde la experiencia. Ni siquiera escribiendo esto puedo expresarlo mejor que él mientras me emociona. Es hablar de tres generaciones atrás. Y en cuanto él se marche, quedará en la historia que nunca podré volver a escuchar.