Cambio de rumbo

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Florencia, 2016

Me habría encantado tener hace unos meses una bola de cristal para poder saber qué iba a pasar más adelante. Pero hoy, por fin puedo decir esto de forma oficial, aunque os lo he ido diciendo ya a los amigos más cercanos. Después de seis meses en Berlín, mis planes para hoy eran estar allí buscando trabajo si no lo había encontrado ya. A día de hoy diré que la ardua tarea ha sido casi misión imposible y aún dándolo por perdido procuraba intentar mantener la esperanza. Porque llamar a puerta fría a empresas donde no te conoce nadie, sin referencias, con un idioma complicado de aprender, aún teniendo un buen nivel de inglés y experiencia, no es nada fácil.

Este 2017 no sabía como iba a ser, de hecho, aún no sé lo que me espera. Después de haber terminado la carrera, habiéndome ido a vivir fuera, estado casi un año en una relación a distancia y donde los últimos 6 meses he podido vivir bajo el mismo techo con la persona a la que quiero, donde y con quien he aprendido cada día, me podía esperar cualquier cosa. Recuerdo la sensación al salir de la universidad de “ahora empieza el resto de mi vida”. Por eso lo que esperaba en noviembre es que en navidades volvería a Madrid y seguiría buscando trabajo aquí, mientras mi pareja estaría buscando lo mismo para volver a España pronto y poder estar por fin juntos, visto que yo en Alemania no estaba pudiendo asentarme del todo.

Pero de pronto los planes cambiaron repentinamente y tras un largo proceso de selección donde fue haciendo las pruebas “por tantear el terreno y saber qué se estaba pidiendo en España”, le llegó el email que puso patas arriba nuestros planes. Oferta de trabajo en Barcelona. Esa tarde ambos nos sentamos en el sofá y pensamos seriamente si nos queríamos ver en un futuro siguiendo nuestra vida en esta ciudad, tratamos de mirar con perspectiva si nos imaginábamos allí los siguientes 2 o 3 años… Aunque le dije que el peso de la decisión era suyo, no quiso tomar la decisión sin contar conmigo, ya que al fin y al cabo es algo que nos iba a afectar a los dos.

Aún recuerdo en 2015 cuando pasamos un fin de semana en Barcelona, en un Airbnb donde jugamos a perdernos por la ciudad, donde merendamos en una de las mejores pastelerías, cenamos paella con vistas al mar y donde nos tomamos el postre paseando por la playa de noche. Al día siguiente nos despedimos en la estación de Sants, yo volvía a Madrid y él cogería un avión de vuelta a Berlín. Lo que nadie nos dijo es que después de esa despedida acabaríamos viviendo en esa ciudad.

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Berlín febrero 2016 – julio 2016

Así que tras tomar la decisión vinieron los jaleos de papeleos y burocracia alemana para dar de baja todo lo habido y por haber. Le ayudé a hacer cajas que hemos ido mandando a Madrid y compramos vuelos para poder ir a Barcelona a visitar pisos en enero. Mi móvil desde entonces parece un vibrador por las notificaciones al estar suscrita a los anuncios de inmuebles nuevos que me manda Idealista, a los anuncios que pongo en favoritos y desaparecen a las horas, a las inmobiliarias que tras mandar una solicitud para ver la casa te dicen que no, que lo hagas a través de su web oficial, a las llamadas de teléfono cuando odio hablar por teléfono, a las ofertas de empleo de LinkedIn…

Pero todo sea por encontrar un lugar donde empezar esta nueva etapa juntos de cero, montar un piso con sus visitas a IKEA correspondientes, nuestros paseos por el Corte Inglés probando colchones, las entrevistas que espero poder hacer en cuanto antes para volver a coger la rutina que tanto echo de menos, con el sueño cumplido de poder adoptar un gatito y donde esperamos muy pronto tener nuestro hogar donde seguir creciendo juntos.

Sin duda, todo esto no podría ser posible sin la ayuda y apoyo de mis padres que durante estos meses me han ayudado con todos los gastos que supone irte a vivir fuera mientras no he tenido trabajo. Porque se lo he dicho mil veces pero aún no he podido cumplirlo, en cuanto consiga mi siguiente contrato, les debo por lo menos, por lo menos, una comida a mis padres en StreetXO. Así que, además de por mi bien y por las ganas que tengo de volver a trabajar, espero que no quede mucho para poder invitarlos a comer en uno de los sitios que les llevo prometiendo mucho tiempo.

¡Nos vemos en Barcelona!

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Corto y cambio


Puede que esté cambiando pero tambien estoy harta de que me lo digan.

Y no porque me lo digan muchas veces pararé de hacerlo. Es la edad, a algunos les afectará más y a otros menos. Quien ya haya cambiado sabrá por lo que se pasa, quien esté cambiando puede que no se de cuenta de ello y quien no haya cambiado no sabe lo que es eso.

Porque tú lo has hecho, y el de allí, y el de más allá. Hemos cambiado todos ¿porqué ahora le dais tanta importancia? ¿Qué pasa, que os molesta? Vosotros habéis hecho lo mismo y no me he metido con nadie. Porque estoy en mi derecho de hacer lo que me de la gana y si quiero cambiar, cambio y punto. Tambien se puede cambiar involuntariamente y eso no se puede evitar.

Porque llevas cambiando desde el primer día, desde el primer día que pusiste un pie aqui y a nadie le ha parecido mal. Ahora que estoy disfrutando de mi vida más que nunca ¿vas a venir a decirme que estoy cambiando? Ya lo sé, no me dices nada que no sepa. No te voy a premiar por decirlo. Puede que más o puede que menos, pero no he dejado de ser la misma, tenga mis circunstancias o no.

He cambiado mis hábitos de día a día, ahora me preocupo de algo importante y tan especial que no había aparecido antes y creo que merece la pena que me preocupe por ello. Porque cuando llegas a ese momento y te cierras en esa persona parece que olvidas al resto, pero la gente importante no deja de serlo por mucho que incluyas a alguien más.

Si te da envidia, celos o te enfadas, tienes dos opciones. Una opción es tragártelos y saber que voy a estar ahí igualmente, porque si te he considerado alguien importante siempre, no tienes porqué dejar de serlo. Si no quieres, puedes enfadarte, pero luego no vengas a quejarte de porqué no hice algo si tú te cerraste en banda y no quisiste aceptarlo.

Así que, sin más que decir, corto y cambio.

Devezencuandiarios

Dícese del diario en el que escribes de vez en cuando y no a diario.

Sí, tengo un diario. Lo llevo teniendo desde que soy pequeña. Me acuerdo del primero que tuve, empezando a escribirlo con ocho años. En las primeras hojas ponía “He sacado un 9 en conocimiento del medio y estoy muy contenta”. Lo llenaba de caritas felices y cerraba el diario hasta que me volviesen a dar otra nota. Otro día escribía lo bien que me lo había pasado con mis amigas esa tarde jugando en casa, que se había acabado el colegio y me bajaba todos los dias a la piscina con mis vecinas, que me iba de vacaciones a Galicia con mi familia… Pequeña inocencia infantil.

Años después de acabar ese diario, me compraron otro como regalo de notas de mes hace cosa de un año. En el primero acabé escribiendo alguna que otra historia personal, pero muy al final, con mis 13-14 años, cuando aún terminaba de escribir y ponía “Volveré a contarte otra historia pronto, diario”.

Sin duda el que compré el año pasado, en el que llevo un año rellenando páginas, puedo contar las veces que he escrito porque no han sido tantas. No escribo a diario, sino de vez en cuando. Una vez al mes, cada mes y medio, dos meses… Cuando me paro a pensar que ha habido algún cambio en mi vida que quiera escribir y dejar grabado para volver a leerlo después y darme cuenta de la cantidad de cosas que pueden cambiar en tan poco tiempo. Y no solo cambios, a veces te apetece escribir por alguien, dedicándole unas páginas a esa persona que consideras importante.

Leo páginas atrás y me sorprendo de la cantidad de vueltas que da la vida. La sensación es como ver una película que ya has visto antes. Vas leyendo y sabes lo que va a pasar después y piensas “Uy, pues no veas la que te espera” “Mira el palo que te van a dar” “El día de después va a ser mejor, ya verás”.

Vas leyendo y pasando páginas hasta que topas con una que está en blanco. No hay nada más y todo lo que siguen son un montón de páginas en blanco que en cuestión de meses estarán escritas de un montón de cosas nuevas. Volverás a releer todo y a analizar situaciones, compararlas  y darte cuenta de muchas cosas de las que uno mismo va aprendiendo solito.

Y es una experiencia genial tenerlo todo escrito y poder ver cada capítulo de ti mismo escrito en papel. Además, es algo privado que solo lees tú y forma parte de ti.

Lo mío, más que diario es un devezencuandiario. De no escribir cada día, pero sí de vez en cuando.

De cómo internet cambia tu estilo de vida.

¿Te acuerdas de cuando el teléfono sólo servía para llamar, recibir y mandar sms?

¿Te acuerdas de cuando no existía un lugar en el que ponías lo que estás haciendo en cada momento y para saber lo que hace alguien le llamabas para preguntar qué tal?

¿Te acuerdas de salir de bares con tus amigos y no hacer una carrera para ver quien hace check-in antes?

¿Te acuerdas de cuando no existían los blogs y podías salir a la calle sin estar pendiente de los comentarios en moderación?

¿Te acuerdas de cuando pasabas las noches durmiendo en vez de estar colgado en una pantalla programando cada madrugada?

¿Te acuerdas de cuando ibas de viaje, hacías fotos y no estabas pensando en cuales subirías a Tuenti y cuales no?

¿Te acuerdas de cuando hacías fotos en carrete y lo de retocarlas y subirlas a Flickr para que la gente aprecie, valore y comente lo buen fotógrafo que eres era inimaginable?

¿Te acuerdas de hacer fiestas con un montón de discos en la mesa para ir pinchándolos en vez de tener un USB, tener las canciones guardadas en el ordenador y darle al play, o buscarlas en YouTube poniendo el videoclip de fondo?

¿Te acuerdas cuando la música sólo estaba en discos y si la tenías en el ordenador era porque la habías copiado del CD?

¿Te acuerdas de cuando las noticias sólo se leían en papel?

Pues yo no. ¿Y tú?