Sentir

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Tocaba el piano desde hacía años. Sus amigos le llamaban “iceman”, porque nunca parecía tener sentimientos. Y si los tenía, era imposible saber qué estaba sintiendo en ese momento. Realmente los tiene, claro que los tiene, muy escondidos y en el fondo del corazón. Es más de quedárselo todo guardado dentro, no le gusta hablar de ello a no ser que se lo intentes sacar de alguna forma sutil. Porque a veces si no se lo sacas, no te lo dirá.

Y ahí estaba yo, intentando saber qué sentía en ese momento. Le recordé las palabras más bonitas que me había dicho nunca: “Dice mi profesor de piano que desde que estoy contigo, la música que toco suena mejor.” Y cuando se lo dije me respondió otra de las frases que se me quedarán grabadas para siempre: “Tú me enseñaste a sentir”.

Entonces fui yo la que se quedó sin palabras.

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De una tarde en el conservatorio

En una clase de piano cualquiera, después de haber practicado mil y una veces las notas de la intro de la canción de Pienso en aquella tarde…

-¿Para qué está ese espejo en la pared?-

-Para que los profesores se fijen en la colocación de las manos de cada alumno sobre el piano.-

Minutos después eso daba igual, había dos personas reflejadas en ese espejo, y no precisamente reflejaban las manos de un alumno tocando el piano.

-No suelo hacer esto por cualquiera-

-Un ratito más…-

-Sabes que me quedaría aquí más tiempo, pero me están esperando fuera y debería irme. Ya hablaremos…”

Cuatro meses después…

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