Plena y llena

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Si hay algo que está haciendo que este año merezca la pena, sin duda es, el constante cambio que estoy experimentando a nivel emocional. Como he definido varias veces hablando con gente cercana, estoy en un torbellino de emociones. Bien es cierto que estoy en la edad, a mis 21 es un momento perfecto para vivir todo lo que estoy viviendo y poder aprender de todo esto.

He salido de una relación muy larga y bonita, me he metido en otra más corta e intensa, me he dado de bruces contra la realidad, he sentido mucho y fuerte, he llorado por dos rupturas, he contagiado alegría a raudales con los míos pero también me he venido muy abajo. Sin duda he aprendido y estoy aprendiendo más en seis meses que en los últimos 5 años.

La mejor conclusión que he sacado de todo esto es que mi felicidad es mía y no depende de nadie más. Ahora mismo soy feliz. Realmente feliz. No necesito a nadie para serlo. Puedo serlo sola. Me gusta compartir con alguien mi felicidad e intensificarla pero me siento llena sintiéndola yo misma. De hecho, hasta que yo no soy plenamente feliz, no puedo hacer feliz a otra persona. Y por suerte lo soy. Pero no puedo dejar que mi felicidad dependa de otros, los demás pueden irse, cambiar o desaparecer y con ellos no pueden irse los motivos por los que esté bien. Querer sin necesitar a nadie.

Los días son bonitos sin tener un mensaje de buenos días con un corazón nada más abrir un ojo. De hecho, los días están llenos de momentos que normalmente pasan desapercibidos y cuando te paras a pensar en el día de hoy, puedes ver que hay micromomentos y microemociones muy especiales que han hecho que tu día haya merecido la pena. Cuando eres capaz de enumerar las veces que has sonreído en un día por los motivos que sean, ves que la felicidad está ahí, está en ti, no hay que buscarla fuera.

Me siento llena de energía, de ganas de hacer cosas, de viajar, sola y acompañada, de conocer, de seguir aprendiendo y viviendo intensamente, de llenar días y semanas de primeras veces, de retarme día a día, de superarme, de decir no puedo más y que las hormonas me empujen a seguir, de quererme más que nunca, de aceptarme y de estar haciendo todo esto mientras conozco a fondo a personas con un corazón enorme.

Increíble 2015. Solo llevamos la mitad del año y creo que está siendo el mejor de muchos. Siento vértigo y a ratitos hasta miedo por si no soy capaz de manejar todo lo que esté por venir, por lo que aún me queda por vivir, así que habrá que seguir lanzándose a la piscina día tras día. Y no parar de disfrutar. Y lo que es mejor, predisfrutar.

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“En pedacitos de canción…” (*)

“Vente a casa sobre las nueve”

Eso ponía en el mensaje.

Nada de esto será tan breve.

Terminará cuando te abrace.

Desde hace un tiempo escribo canciones de las cuales espero que algunas puedan salir a la luz. Como en la película de “Tú la letra y yo la música” de Hugh Grant y Drew Barrymore, que ellos pongan la música, yo escribiré las letras.

(*) “Si me coges me compones, o eso es lo que creo yo, parapá, parapá, parapá, parapá… Y con tanto y con tan poco se hizo grande la ilusión” -Maldita Nerea-

Meme 50

¿Quien dijo que los memes estaban muertos? Pues aquí va uno:
  1. Odio hacer la cama
  2. Soy de ciencias pero metida a la fuerza en letras para huir de las matemáticas. Además, de naturales.
  3. Me gustan más los chistes cortos y malos que los largos buenos.
  4. Es por esto por lo que pillo antes los malos malísimos y por lo tanto me río la primera contagiándole la risa a los demás.
  5. Los días de clase por las tardes tengo hambre y los fines de semana no.
  6. Debe ser porque me acostumbro a que los fines de semana suelo estar entretenida por las tardes y se me olvidan las ganas de comer.
  7. Me distraigo con una mosca. Es un topicazo, pero cuando veo una o la persigo con el matamoscas o me quedo mirando a dónde va.
  8. Odio los bichos, sobre todo los voladores y los que tienen muchas patas. Los que no tienen patas tambien. No dejan de ser bichos.
  9. No soy capaz de estar centrada en algo más de media hora.
  10. Me gusta cocinar pero nunca lo hago a no ser que sea por algún motivo especial.
  11. No tengo originalidad a la hora de dibujar cosas. O pinto flores con pétalos, corazones, caritas sonrientes o estrellas. Poco más.
  12. Si ves un papel en sucio con una estrella dibujada es evidente que era mío. Además con estrellas que se dibujan sin levantar el lápiz ni una sola vez de la hoja.
  13. Me pico con facilidad.
  14. Me cabrean cabreo otras tantas veces.
  15. Soy orgullosa pero al final siempre me lo acabo comiendo. Con patatas.
  16. No sé si os sorprenderá alguno de los puntos anteriores que he escrito. Vamos a por el número 17.
  17. Este año cumplo 17. Muchos harán la bromita de que me quedará un año para poder ir a la cárcel.
  18. Creo que hay gente poco original con las bromas. Entre ellos muchas veces me incluyo.
  19. Mi primera película en el cine fue La Sirenita.
  20. Me dan miedo los perros grandes.
  21. Sin embargo los gatos me obligan a decir moñadas como le digo a un bebé.
  22. Mis olores favoritos son el de la tierra mojada, olor a viejo, olor a mermelada de fresa haciéndose y el suyo.
  23. Cuando me miro las cejas en el espejo tengo la sensación de que aumentan cada segundo que las miro, se hacen más pobladas y gruesas.
  24. Juraría no haber robado nunca nada.
  25. Lo sé, soy así de buenecita, de niña no hacía tampoco esas trastadas.
  26. Creo que no hay nada después de la muerte.
  27. Me gustaría pensar que existe el alma y que dentro de muchos años ella rondará por algún sitio.
  28. No creo en los espíritus, si no, estaríamos rodeados de miles de ellos sin darnos cuenta.
  29. Una de mis sensaciones favoritas es la de un déjà vu.
  30. Este blog es el más personal que he escrito.
  31. Es por eso por lo que no escribo cada día, intento hacerlo cada dos semanas por lo menos.
  32. No puedo tomar ototóxicos. Ibuprofeno y tónica mismamente.
  33. Me encanta tener un historial de conversaciones guardadas. Lástima que las mejores no se guarden. Es la magia del Tuentichat.
  34. Guardo sms de hace un año.
  35. Creo que todavía no morirán los sms. Son útiles entre amigos que no tienen tarifa plana de datos.
  36. Sí, tengo amigos que aún no la tienen.
  37. Hago lo que puedo para que se la pongan porque es mil veces más rentable y hacen que el teléfono sirva para algo más que llamar, mandar mensajes, hacer fotos y escuchar música.
  38. De mayor quiero vivir en un loft.
  39. No soy capaz de dormir sin peso encima. Mínimo, con una sábana fina en verano encima o me siento vacía.
  40. Cuando me olvido de quitar el móvil del silencio, me acabo llevando alguna bronca después.
  41. Tengo una gran dificultad a la hora de tragar pastillas. No sé que voy a hacer cuando sea viejecita.
  42. Me dan miedo las boyas que hay flotando en el mar.
  43. No soporto nadar en sitios muy profundos.
  44. El lunar que tengo encima del labio a la derecha es idéntico al que tiene una tía segunda mía.
  45. Me aburren las pinacotecas.
  46. Sin embargo los museos de ciencia me chiflan (ya he dicho que soy de ciencias)
  47. Hacer una desintoxicación digital sería mi mayor castigo.
  48. No me gustan los piercings. Si acaso un segundo pendiente. Y nada más.
  49. Me dan miedo los hospitales.
  50. Y… Mientras he estado escribiendo esto debería haber estado haciendo otra cosa.

Foto de Rubén Díaz

Devezencuandiarios

Dícese del diario en el que escribes de vez en cuando y no a diario.

Sí, tengo un diario. Lo llevo teniendo desde que soy pequeña. Me acuerdo del primero que tuve, empezando a escribirlo con ocho años. En las primeras hojas ponía “He sacado un 9 en conocimiento del medio y estoy muy contenta”. Lo llenaba de caritas felices y cerraba el diario hasta que me volviesen a dar otra nota. Otro día escribía lo bien que me lo había pasado con mis amigas esa tarde jugando en casa, que se había acabado el colegio y me bajaba todos los dias a la piscina con mis vecinas, que me iba de vacaciones a Galicia con mi familia… Pequeña inocencia infantil.

Años después de acabar ese diario, me compraron otro como regalo de notas de mes hace cosa de un año. En el primero acabé escribiendo alguna que otra historia personal, pero muy al final, con mis 13-14 años, cuando aún terminaba de escribir y ponía “Volveré a contarte otra historia pronto, diario”.

Sin duda el que compré el año pasado, en el que llevo un año rellenando páginas, puedo contar las veces que he escrito porque no han sido tantas. No escribo a diario, sino de vez en cuando. Una vez al mes, cada mes y medio, dos meses… Cuando me paro a pensar que ha habido algún cambio en mi vida que quiera escribir y dejar grabado para volver a leerlo después y darme cuenta de la cantidad de cosas que pueden cambiar en tan poco tiempo. Y no solo cambios, a veces te apetece escribir por alguien, dedicándole unas páginas a esa persona que consideras importante.

Leo páginas atrás y me sorprendo de la cantidad de vueltas que da la vida. La sensación es como ver una película que ya has visto antes. Vas leyendo y sabes lo que va a pasar después y piensas “Uy, pues no veas la que te espera” “Mira el palo que te van a dar” “El día de después va a ser mejor, ya verás”.

Vas leyendo y pasando páginas hasta que topas con una que está en blanco. No hay nada más y todo lo que siguen son un montón de páginas en blanco que en cuestión de meses estarán escritas de un montón de cosas nuevas. Volverás a releer todo y a analizar situaciones, compararlas  y darte cuenta de muchas cosas de las que uno mismo va aprendiendo solito.

Y es una experiencia genial tenerlo todo escrito y poder ver cada capítulo de ti mismo escrito en papel. Además, es algo privado que solo lees tú y forma parte de ti.

Lo mío, más que diario es un devezencuandiario. De no escribir cada día, pero sí de vez en cuando.