De semáforos parpadeando

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La que nunca cruza los semáforos en verde parpadeando, porque ya se ha tropezado más de una vez y se ha visto en el suelo del paso de cebra a punto de que los coches vuelvan a arrancar motores. La que nunca entra en los trenes y metros cuando los pitidos de las puertas anuncian que están a punto de cerrarse, porque ya se le cerró la puerta con su brazo en medio. La que nunca pisa las alcantarillas ni rejillas de ventilación, ni pone los pies sobre suelos acristalados por vértigo y pánico de sólo imaginar que se rompa. La que siempre llena la maleta de porsiacasos que luego nunca usa. La que se olvidó de cómo se montaba en bicicleta, aunque digan que eso es algo que nunca se olvida. Aunque lo haya intentado de nuevo, la coge con miedo a caerse, por lo propensa que es a hacerse heridas en las piernas.

Se ha caído en semáforos, tropezado en bordillos y asustado con el impacto de una puerta cerrada de golpe. Se ha raspado las piernas muchas veces, recuerda de cuándo es cada herida. Una vez hizo una maleta sin porsiacasos y se planteó que quizás no pasaría nada si volvía a coger una bici. También juega a caminar haciendo equilibrios por los bordillos en alto. Pero seguirá teniendo vértigo al pisar suelos acristalados o con rejilla.

Si ves a una chica esquivando suelos frágiles por la calle, ya sabes quién es. Los semáforos que no cruza cuando parpadean antes de ponerse en rojo… Los usa para invitar a una ronda de besos.

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A mi 2016

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A este año le pido principalmente: viajar. Hacer viajes y vuelos inesperados que me sigan haciendo crecer. Que los mejores recuerdos se crean cuando sales de casa y de la rutina. También le pido sentir muy fuerte, retos que me pongan a prueba, disfrutar al escuchar canciones recomendadas que no conozco, dar besos llenos de cariño, recibir abrazos en los que quedarme a vivir, pintardespintar labios rojos, reducir distancias a milímetros, disfrutar de fotos delante y detrás del objetivo, palabras y personas por las que dejarme inspirar, bocados que me dejen con ganas de repetir mil veces, noches de cervezas… Y siempre brindar mirando a los ojos.

“Ser feliz es entender que este es el mejor momento.” – Marwan.

Diciembre de recapitulación

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Este año no he parado de decirlo. Algunos me lo habéis notado. He sido puro torbellino de emociones. Y eso se ha visto reflejado en mis hormonas, en mis hábitos alimenticios, en mi personalidad, en mis emociones, en mis comportamientos en casa, en mi familia… En todo. Hasta que por fin llegó la estabilidad. La calma. Hoy puedo decir que estoy terminando el año como no me imaginaba en enero que lo terminaría.

Esta vez Facebook se ha encargado de recordar lo que había hecho ese día el año pasado, el anterior, el de antes… A vosotros también os lo ha recordado. Ha habido días que he adorado rememorar esos recuerdos. Otros han sentado peor, pero en todos ellos he podido reflexionar y alegrarme de estar donde estoy. Quiero que en 2016 me empiece a recordar cómo ha sido este. Porque de verdad, ha sido emocionante.

Este año he llorado como hacía tiempo que no lo hacía. No me arrepiento de haberlo hecho, me he desahogado como y cuando hacía falta. Y lo mejor es que tengo un bonito recuerdo de esos días. He soltado lágrimas por amor y aunque fuera con toda la rabia e impotencia del mundo, me puedo recordar con cariño al saber que al final me iba a ir bien. Ya lo decía Lennon, si al final no sale bien, es que no es el final. Me he rodeado de las mejores personas, esas que me han dado los abrazos más gigantes y  reparadores que he recibido jamás. Que aunque en esos momentos me sintiese derrumbada, sin hambre, sin ganas de hacer nada, después he salido reforzada. Pero no todo han sido lágrimas agridulces.  También he llorado de emoción, he sentido cosas tan j*didamente bonitas, me han dicho palabras, he leído emails y he vivido momentos tan especiales que esas lágrimas han sido las más increíbles que he tenido. Y esas emociones son las que nos hacen sentir más vivos que nunca. Porque sí, este año (y va para largo), estoy con las emociones a flor de piel. Me siento más sensible y blandita que nunca.

Este 2015 ha sido movidito, muy movidito. Este año es uno de esos donde diría que volvería a vivirlo. Todo. Con sus partes buenas y las no tan buenas. En las buenas volvería a disfrutar a cámara lenta, en las malas volvería a aprender. Porque lo he hecho como nunca. Me he conocido también como nunca aunque para qué negarlo, también me he desorientado. Y lo que me queda. Dicen que de conocerte no terminas de hacerlo en la vida, que siempre habrá algo capaz de sorprenderte cuando menos te lo esperes. Me he visto en situaciones muy diferentes que me han pillado por sorpresa y me han puesto a prueba. He conocido sitios, he redescubierto lugares, he capturado momentos, he disfrutado bocados… Durante estos 12 meses he tenido el honor de conocer el interior de personas que ya conocía  de antes pero a las que nunca me había abierto tanto y ellos también lo han hecho conmigo. Éstas son tan bonitas por dentro y por fuera que me muero por seguir compartiendo con ellos estos momentos. No hace falta que los mencione, ellos saben quienes son. Por todas esas conversaciones en persona o vía chat: Gracias, de corazón.

El 2016 viene pisando fuerte. Voy a terminar la carrera, en los próximos 5 meses tengo tres escapadas fuera de España programadas y quizás le pueda dar un giro profesional a mi vida. Lo último es quizá algo más ambicioso pero no será por falta de ganas.

Mi 2015 queda marcado por personas y las emociones que me han hecho vivir. Por el aprendizaje que he ganado. Por un viaje. O varios. Por muchas casualidades. Y por una apuesta.

¿Hacemos del 2016 otro año que recordar?

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Coge un avión sin pensártelo dos veces. Hazlo. Lo llevas deseando hacer desde hace tiempo. Todo el mundo dice “qué ganas tengo de coger un avión de repente sin darle vueltas” pero pocos lo hacen.  La sensación es indescriptible. Sobre todo cuando despegas con un cóctel de emociones y se te escapa alguna que otra lágrima. Cuando no sabes qué tal se va a dar esa semana allí y vas a estar descubriéndote en situaciones nuevas. Situaciones que cada día van a ir haciéndote que te plantees si esto es lo que quieres hacer de verdad.

Dale la vuelta a tu historia, que aquí estás tú para crearla, para ser protagonista de lo que estás a punto de vivir. Tienes alas para volar, pies para salir corriendo. Empieza a crear algo de lo que estés orgulloso, sal de lo que no te gustaba y que te tenía sin pasar página. Evoluciona, crece. Y que lo vean.

Atrévete a apostar por algo que siempre pensaste que no serías capaz de hacer. Apuesta al rojo, al negro, al color que te de la gana, pero apuesta. Juégatelo, que aquí estamos para jugárnoslo todo. Y yo he venido a apostar. Por ti, por mí, por nosotros.

Siéntete libre, para querer, para olvidar, para salir, para volver. Pero hazlo. Que “quien bien te quiere te hará volar”. Y tanto que me haces volar. Que no es querer mucho, que es querer bien. Y no se me ocurre mejor manera de querer(te).

Volveré a coger ese IB 3674. Lo tengo ya comprado para volver. Porque volar ese 14 de julio es de las mejores decisiones que he tomado. Volvería a coger ese avión mil millones de veces. Volvería a volar allí hasta que la ciudad se supiese de memoria qué sitios me gustan, en cuales quiero ir de la mano si me siento insegura,  en cuales volvería a quedarme inmortalizando momentos con atardeceres especiales. Una ciudad que me haga perderme en su metro con estaciones innombrables, que me haga buscar desesperada buses que van en mil direcciones y no saber dónde está el mío, que me den ganas de entrar en todas sus tiendas pequeñas y originales, que sus paredes pintadas me pidan pararme para fotografiarlas todas, que quiera probar todas sus cervezas artesanales, que me quiera perder por sus calles buscando en el mapa los fotomatones analógicos que fueron testigos del principio de una historia.

Vuela, conmigo.  A donde sea. Volemos.