Devezencuandiarios

Dícese del diario en el que escribes de vez en cuando y no a diario.

Sí, tengo un diario. Lo llevo teniendo desde que soy pequeña. Me acuerdo del primero que tuve, empezando a escribirlo con ocho años. En las primeras hojas ponía “He sacado un 9 en conocimiento del medio y estoy muy contenta”. Lo llenaba de caritas felices y cerraba el diario hasta que me volviesen a dar otra nota. Otro día escribía lo bien que me lo había pasado con mis amigas esa tarde jugando en casa, que se había acabado el colegio y me bajaba todos los dias a la piscina con mis vecinas, que me iba de vacaciones a Galicia con mi familia… Pequeña inocencia infantil.

Años después de acabar ese diario, me compraron otro como regalo de notas de mes hace cosa de un año. En el primero acabé escribiendo alguna que otra historia personal, pero muy al final, con mis 13-14 años, cuando aún terminaba de escribir y ponía “Volveré a contarte otra historia pronto, diario”.

Sin duda el que compré el año pasado, en el que llevo un año rellenando páginas, puedo contar las veces que he escrito porque no han sido tantas. No escribo a diario, sino de vez en cuando. Una vez al mes, cada mes y medio, dos meses… Cuando me paro a pensar que ha habido algún cambio en mi vida que quiera escribir y dejar grabado para volver a leerlo después y darme cuenta de la cantidad de cosas que pueden cambiar en tan poco tiempo. Y no solo cambios, a veces te apetece escribir por alguien, dedicándole unas páginas a esa persona que consideras importante.

Leo páginas atrás y me sorprendo de la cantidad de vueltas que da la vida. La sensación es como ver una película que ya has visto antes. Vas leyendo y sabes lo que va a pasar después y piensas “Uy, pues no veas la que te espera” “Mira el palo que te van a dar” “El día de después va a ser mejor, ya verás”.

Vas leyendo y pasando páginas hasta que topas con una que está en blanco. No hay nada más y todo lo que siguen son un montón de páginas en blanco que en cuestión de meses estarán escritas de un montón de cosas nuevas. Volverás a releer todo y a analizar situaciones, compararlas  y darte cuenta de muchas cosas de las que uno mismo va aprendiendo solito.

Y es una experiencia genial tenerlo todo escrito y poder ver cada capítulo de ti mismo escrito en papel. Además, es algo privado que solo lees tú y forma parte de ti.

Lo mío, más que diario es un devezencuandiario. De no escribir cada día, pero sí de vez en cuando.

¿Donde está?

Hoy no tengo inspiración. Ni hoy, ni los días que llevo intentando pensar en algo de lo que escribir. Hace una semana que me planteo que ya toca poner algo nuevo aquí y no hay manera de que salga algo.

Una vieja amiga y compañera de clase, recomendaba de vez en cuando hacer escritura rápida. Escribir lo que estás pensando en ese momento sin que importe lo que digas, escribir sin sentido, pero que luego todo tendría un significado. Es lo que estoy intentando hacer ahora.

No sé si será el estar de vacaciones, llevar días sin estar con mis amigos de siempre en Madrid, sin él, echar de menos o qué. Quiero pero no puedo y eso me pone de mal humor porque casi siempre tengo algo de qué escribir y no me cuesta.

No te puedes obligar a inspirarte. Eso es algo que viene porque sí, cuando ves, escuchas o descubres algo que te hace pensar. No puede ser que en un mes no me haya inspirado para escribir. Y me niego a abandonar el blog por no hacerlo. Por eso escribo hoy, para dar señales de vida. Pero todo va bien. En serio. Aunque esté de mal humor en este momento.

Ahora me sale un post de haber escrito por escribir. Estoy cabreada y no me gusta, pero sin querer se me ha ido la mano al botón de publicar.