Micromomentos de Barcelona

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Un viaje improvisado y planificado dos semanas antes, cervezas, música en vivo con vistas, mil millones de risas, otras mil fotos arrepintiéndome de no coger la réflex, carreras hacia baños de mala muerte con efecto invernadero, selfies con cara pan y sonrisas forzadas, tres puntos altos de la ciudad con vistas que te quitan el hipo, columpios en los que quedarse hasta que cierren el parque, paseos interminables recorriendo todos los puntos importantes del mapa, mojar los pies en el mar por la noche, contemplar tres aviones a punto de aterrizar con sus tres reflejos de luz sobre el Mediterráneo, remover todos los recuerdos habidos y por haber, imaginar los que aún no han ocurrido, rechazar todas las rosas rojas de todos los vendedores ambulantes, botellas de vino intactas que viajaron del súper a la nevera y luego a la maleta de vuelta a Madrid, remolonear cinco minutos más en la cama antes de ponerse en marcha para patearse la ciudad, combinaciones de metro que salen perfectas, comer de terraceo o en medio de un parque tres cosas que picoteas del mercado de La Boquería, andar aunque los pies te duelan horrores, mitad y mitad de paellas con alioli, pasar horas sentado a la sombra en el suelo comiendo helado y bebiendo cerveza mientras contemplas un monumento hablando y riendo sin parar, quedarse maravillado con las obras de arte y la fascinante arquitectura de Gaudí, soñar con yates inalcanzables atracados en La Barceloneta, pegar bocados a cupcakes que te dan la vida, sorbos a horchatas que quedaron pendientes, la frustración con camas que crujen hasta con respirar cuando lo único que quieres es dormir, carreras de tacones y fiesta de la espuma que aplazar por una cena más tranquila, enamoramientos fugaces por la calle, facultades con edificios a cada cual más bonito y mejor situado, mercados que te hacen perder el aliento, los puestecitos más hipsters de toda la ciudad, perderse por callejuelas buscando restaurantes bonitos donde cenar, morir de calor y buscar la sombra como si no hubiera un mañana, conversaciones largas practicando inglés, cervezas antes de dormir como quien se toma un ColaCao caliente cuando tiene insomnio, y autobuses lentos de vuelta pero que llevan puesto a AC/DC y a Bon Jovi.

Tres días y un viaje relámpago cargado de momentos y emociones inolvidables en una ciudad preciosa dan para mucho.

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Plena y llena

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Si hay algo que está haciendo que este año merezca la pena, sin duda es, el constante cambio que estoy experimentando a nivel emocional. Como he definido varias veces hablando con gente cercana, estoy en un torbellino de emociones. Bien es cierto que estoy en la edad, a mis 21 es un momento perfecto para vivir todo lo que estoy viviendo y poder aprender de todo esto.

He salido de una relación muy larga y bonita, me he metido en otra más corta e intensa, me he dado de bruces contra la realidad, he sentido mucho y fuerte, he llorado por dos rupturas, he contagiado alegría a raudales con los míos pero también me he venido muy abajo. Sin duda he aprendido y estoy aprendiendo más en seis meses que en los últimos 5 años.

La mejor conclusión que he sacado de todo esto es que mi felicidad es mía y no depende de nadie más. Ahora mismo soy feliz. Realmente feliz. No necesito a nadie para serlo. Puedo serlo sola. Me gusta compartir con alguien mi felicidad e intensificarla pero me siento llena sintiéndola yo misma. De hecho, hasta que yo no soy plenamente feliz, no puedo hacer feliz a otra persona. Y por suerte lo soy. Pero no puedo dejar que mi felicidad dependa de otros, los demás pueden irse, cambiar o desaparecer y con ellos no pueden irse los motivos por los que esté bien. Querer sin necesitar a nadie.

Los días son bonitos sin tener un mensaje de buenos días con un corazón nada más abrir un ojo. De hecho, los días están llenos de momentos que normalmente pasan desapercibidos y cuando te paras a pensar en el día de hoy, puedes ver que hay micromomentos y microemociones muy especiales que han hecho que tu día haya merecido la pena. Cuando eres capaz de enumerar las veces que has sonreído en un día por los motivos que sean, ves que la felicidad está ahí, está en ti, no hay que buscarla fuera.

Me siento llena de energía, de ganas de hacer cosas, de viajar, sola y acompañada, de conocer, de seguir aprendiendo y viviendo intensamente, de llenar días y semanas de primeras veces, de retarme día a día, de superarme, de decir no puedo más y que las hormonas me empujen a seguir, de quererme más que nunca, de aceptarme y de estar haciendo todo esto mientras conozco a fondo a personas con un corazón enorme.

Increíble 2015. Solo llevamos la mitad del año y creo que está siendo el mejor de muchos. Siento vértigo y a ratitos hasta miedo por si no soy capaz de manejar todo lo que esté por venir, por lo que aún me queda por vivir, así que habrá que seguir lanzándose a la piscina día tras día. Y no parar de disfrutar. Y lo que es mejor, predisfrutar.