Diario estival de una publitrastornada

Hola, caracola.

Sí, soy consciente de que llevo mucho muchísimo sin pasar por aquí, pero tengo excusa.

La principal es que estamos en verano y estoy medio de vacaciones. Digo medio porque desde hace un mes estoy de prácticas en la agencia Bap&Conde, en Coruña.

¡Toma ya, prácticas desde mi primer año de carrera! ¿Mola o no mola? Pues claro que mola. Al estar de becaria en el departamento de estrategia, aún no me han filtrado campañas secretas que saldrán en navidad ni campañas secretas del verano que viene, pero bueno, tuve que inventarme campañas y eventos para promocionar una marca gallega. No me voy a hacer autobombo, pero siendo sincera, propuse acciones que ojalá se llevaran a cabo, serían un éxito, de verdad de la buena, lo dice mi instinto femenino.  Seguro que saldrían en los blogs de referencia de publicidad y cosas así. Pero bueno, no me voy a hacer ilusiones, que soy becaria, no directora creativa, bajemos de la nube.

Lo dicho, estoy de prácticas y lo estaré hasta septiembre-octubre (hasta que cumpla 3 meses) aunque esos dos meses será en las oficinas de Madrid en horario de tarde, para compaginarlo con la universidad. De hecho, ahora mismo os escribo desde mi mesa rodeada de papeles de una campaña que alguien se dejó en la mesa de la becaria, rodeada de carpetas rojas a juego con la agencia, un lápiz corporativo que aún no han desaparecido de la mesa (cada día desaparece uno) y mi silla con ruedas comodísima pero un poco alta de más, que no me permite cruzarme de piernas cómodamente (problemas del primer mundo patrocinados por una patilarga publicitaria).

¿Qué más? En julio me escapé una semana a Asturias, no pude pasármelo mejor. Ya había estado en Oviedo, así que nos alojamos en unas casas rurales de un amigo que os recomiendo  obligo a ir si vais a pasar unos días en el reino de la sidra y el bollu preñau. Las casas rurales son Huerta San Benito, están en Campón de Antrialgo, queda al lado de Arriondas. Desde allí estás en coche a media hora de emblemáticos lugares como Lastres, Covadonga, Cangas de Onís, el mirador del Fitu (increíble), Oviedo…  Un lugar ideal para relajarse, disfrutar de la buena gastronomía, de su paisaje. Para mí ¡el norte es mejor que el sur con diferencia!

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Otra noticia de la que debo informar es de que ya soy conductora. APTA para la DGT pero deficiente para mis padres. De conducir con mi adorable diesel incalable (miento, algún día se caló) me senté en un coche de gasolina que tiene 12 años y claro, empezó la aventura. Eso no se mueve igual que un diesel cuando estás en un stop y tienes que reanudar la marcha. Tanto es así que en una cuesta arriba parada, tuve que volver a arrancar y si no lo calé doce veces no lo hice ninguna. Me bajé del coche y volvió conduciendo mi madre. Desde entonces freno con el freno de mano, el truco milagroso que en la autoescuela no te enseñan ni jartos de vino.

Así que aquí estoy, en Coruña jugándome la vida en las carreteras de cabras para ir y volver al trabajo. Ya me sé el camino de memoria pero le he cogido una manía al volante que no lo quiero ni ver, aunque ayer y hoy por fin he tenido días donde me dejarían conducir sola sin jugármela. Si algún día soy millonaria tendré chófer. He dicho. Así que puedo esperar sentada, esa no es mi aspiración en la vida.

Si llego viva a septiembre, seguiré contando las novedades de una publicista-intento de conductora-patilarga, que septiembre ¡va a ser mucho septiembre! Lo veo venir, voy a estar de un lado a otro. Empiezo 2º, sigo de prácticas, entro a formar parte de un nuevo proyecto del que ya os informaré, tengo que disfrutar de un premio que me ha tocado de un día de compras con personal shopper de Coquetéame… Ay. Es una temporada de muchas cosas, ¡pero me encanta!

El carnet

Llevaba bastante sin pasar por aquí, pero prometo tener excusa. Entre el blog de Clau’s Cupcakes, la sección de Universidad que podéis cotillear en este blog, el teórico que tengo que aprobar, las mil y una prácticas que me mandan semanalmente y el tiempo que me queda que es para dedicárselo a quienes más quiero…

He tenido un break con el blog personal. También influye que no esté inspirada y que no me haya pasado nada emocionante, pero os voy a contar algo. Algo que me tiene de los nervios, básicamente porque soy muy torpe y una negada. Por lo que en este post, notaréis que me estoy riendo de mí misma.

El teórico. Sí. Cuando creía que ya me había peleado suficiente con PAU, aparece el examencito tipo test del coche. “Oh, tipo test, qué guay, si ya te dan la respuesta entre otras dos que están para despistar, está tirado.” MEEEC. NO. No hace ninguna gracia. Encima los petardos de la DGT ponen normas que no cumplen ni ellos, normas que gracias a Dios no todos cumplimos porque si no, habría más accidentes y entorpeceríamos más el tráfico.

Fui a las clases intensivas durante dos semanas y parecía que iba bien, hasta que al final del tema, cuando ya tenía una idea clara, aparece el profesor sonriente con una de sus fatídicas preguntas, mientras piensa “je-je, te voy a pillar”. No solo eso, además pone en duda todo lo que respondes, haciéndote un lío más grande que el que traías antes de apuntarte a la autoescuela. Porque todos hemos preguntado en el coche sin saber conducir qué significa esa señal o cómo haces para…

Así que sí amigos, antes de empezar con las clases ya tenía líos y esto ha sido lo que ha surgido durante las clases:

  1. Por ejemplo, al ver en el suelo de la carretera un triángulo blanco sin relleno y creer que era una flecha de dirección y no un ceda el paso.
  2. O el gran misterio del ciclomotor y la motocicleta ¿eh, eh, eh? ¿A que todo son motos y punto? Pues no, existen grandísimas diferencias. Pero cuando tenga el teórico aprobado, van a ser todo MOTOS, me da igual si corren más o si corren menos.
  3. También el semáforo en color amarillo, ese en el que todos apuramos para ir más deprisa así nos ahorramos esa parada en un semáforo por el que no pasa ni Peter con la tropa Goofy. Pues NO. Hay que pararse obligatoriamente, aunque te esté persiguiendo un loco con un hacha para matarte  subido en el coche de atrás.
  4. Resulta que con el permiso B puedes llevar camiones, máquinas agrícolas y con unas horas prácticas hasta una moto (sí, moto, me da igual que haya dos tipos, van a ser motos toda la vida). Para mi asombro, no tenía ni idea de que podía llevar un camión, por lo que pregunté varios días si era verdad. Total, que el profesor me guiñaba el ojo y se refería a mí cuando ponía ejemplos con camiones. Por lo que parece que me gané la imagen de camionera.
  5. Respecto al punto anterior, NO. No quiero ser camionera, por eso estoy harta de tener que memorizar la tara, MMA de cada vehículo, la anchura, el largo, cómo debo señalizar con luces si llevo algo que sobresale de mi querido camión… En fin. Miles de cosas que no me interesan. Por mucho que lo piense el liante del profesor ¡No voy a ser camionera!
  6. El alcohol. Pregunté cuánto puedes beber si vas a conducir, a lo que la respuesta fue NADA. Vale, muy bien. Pero le pregunté “oye ¿si voy a La Vaca Argentina y me quiero comer un chuletón? No me lo voy a tomar con agua, menos con cocacola, a eso le va una copita de vino ¿cuánto es el máximo que podría beber en esa ocasión?” No me quiso responder. Así que la conclusión que he sacado es que si voy a conducir, esa noche no iré a un asador.
  7. Los test. Por si fuera poco, es gracioso ver cómo en las imágenes que aparecen en los test, las señales están pintadas con photoshop. Eso significa que no las veremos tanto, si no, ¡ya se irían a una calle de España a hacer la foto, que anda que no hay!

En fin. No sé cuando llegará el día en el que salga de ese horrible centro de exámenes DGTeros con un cartel verde con ventosa con una L de lerda. Pero por ahora lo veo turbio. Cuando ese día llegue, lo pondré aquí y os contaré cómo rayos lo he conseguido, porque estoy segura de que habrá más de una anécdota.