Espera

Insistías. Y lo querías ya. Te repetías a ti misma que lo necesitabas para ser feliz. Y yo te digo que puedes serlo perfectamente sin necesidad de nada más. Con lo que tienes ahora puedes valerte por ti misma, seguir adelante y dejar que venga cuando sea el momento oportuno. Olvidate de buscarlo y perseguirlo. Ábrete y déjate llevar sin perder la cabeza, ya llegará cuando tenga que llegar. 

¿Sabes? No necesitas a nadie más. Cuando dejas de buscarlo aparece y sobre todo cuando menos te lo esperas. Déjate querer, verás como lo encuentras y no tan lejos como te imaginas.

Tener pareja es bonito, que lo que vivas parezca de película y que al contarselo a otra persona se te quede la misma sonrisa de siempre, también lo es. Pero eso no es fácil, tienes que dedicarle el tiempo necesario para asegurarte de que todas las piezas encajan bien.

Hasta que hoy has dicho que vas a dejar de pensar en lo mismo de siempre y que vas a ser feliz con lo que tienes dejando de pensar en que tiene que llegar ya. Y no sabes lo mucho que me alegra de que vayas a verlo todo así.

Dibujar corazones en todas las esquinas de una hoja de papel o escribir siempre la misma fecha, o esas iniciales y que tú me mires con la misma cara de siempre. No entiendo cómo no te aburres teniéndome al lado todos los días, contemplando el mismo panorama de las horas más aburridas en clase. Pero lo haces. Y si no escribo algo en una hoja nueva, lo haces tú por mi rodeándolo de caritas felices

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Déjalo

Te duele, lo sabes y no quieres ser consciente de lo que pasa. Que le quieres como nunca has querido a nadie y que todo ese tiempo juntos marca tanto que no quieres olvidar nunca lo que has vivido con él. Que ha sido con quien te has abierto y a quien le has entregado todo. Todo lo que tienes de ti misma a una única persona que ahora te hace sufrir y te trata mal. Y serías capaz de tragar todo esto por seguir con él, con la persona a la que amas y con quien quieres estar siempre.

Pero llevas dos años y seis meses de tu vida con esa persona, con la que desde hace un año empezaste a tener peleas, donde vuestras personalidades empezaron a chocar, donde surgirian enfados de odiaros por momentos. Y de esos enfados que se resolvian en el mismo dia con una llamada por la noche, otros podian durar a veces hasta el día siguiente, pasaba otro tiempo de amor y felicidad hasta que había otro choque.

¿No crees que podian ser indicios de que eso podría empeorar? Para nada. Peleillas tienen todas las parejas y vosotros no vais a ser menos, siempre y cuando se arregle y acabe bien, no pasa nada. Como dicen algunos “es mejor aclarar las cosas antes de irte a dormir” y vosotros la mayoría de las veces lo habéis hecho así.

Hasta que un enfado sobre el otro hizo las primeras desconfianzas y el poner en duda la relación, motivos por los que al cumplir dos años no eras la persona más feliz del planeta. Crisis. Un ciclo que no puedes cortar en el momento justo, dejando las peores etapas atrás y seguir con las mejores hacia delante. Pero cuando ese ciclo que suele ser largo, acaba convirtiendose en rutina y metiendo los peores momentos en cada detalle de la relación es cuando te tienes que plantear qué debes realmente hacer.

Una relación en la que vives bien tres días y al cuarto discutes para estar mal otros dos días y acabar teniendo broncas todos los meses ¿no son suficientes señales para avisarte de que no puedes seguir asi? No es sano. Y no quieres verlo. Te culpas por cosas que no tienen sentido cuando no has querido hacer nada para estropear la relación. Que estás enamorada y que quieres hacer todo lo que esté en tus manos porque eso no acabe. Incluso tragarlo todo.

Pero eso no llevará a ninguna parte, sabiendo lo que ocurre al otro lado de la relación, sabiendo la desconfianza con la que dices que quieres seguir viviendo con él. Con esa poca confianza que queda que una vez que pierdes es muy dificil volver a recuperar. Abre los ojos y no te hagas más daño, que amar es difícil y con una persona que te hace esto, aún más.

Diferencias abismales

Despego de Santo Domingo para aterrizar en Madrid. Desde un país menos desarrollado a uno desarrolladisimo.

Una vez estoy arriba miro por la ventanilla del avión, una larga línea de luces bordean la bonita costa que se ve durante el día, donde la linea del horizonte separa el cielo del mar. Alrededor de esa línea de luces, hay muchos más puntos de luz y lo que se ve de isla está inundada de destellos de color naranja y blanco.

Cierro los ojos unos instantes mientras el avión va cogiendo altura y cuando los vuelvo a abrir, apenas unos segundos después, vuelvo a mirar por la ventanilla. La línea que bordeaba la costa se quedó muy atrás, y las luces que la rodeaban tambien. Ahora apenas hay luz, sólo de vez en cuando se concentran destellos que se ven desde el aire. Pero en medio de tierra apagada, negra, oscura.

Pequeñas concentraciones de luz de villas en las que viven grupos de personas con sus menudos negocios. Bares en los que en las paredes de la entrada pone que sirven bebidas frias para captar tu atención, peluquerías que encuentras en cada calle una, gomerías que arreglan los neumáticos de coches, hostales de barrio, locales con tiendecitas y puestos en la calle con frutas tropicales y verduras de la tierra.

Personas que cada día se buscan la vida para ganar dinero y poder vivir dignamente, que con poco se conforman y cubren sus necesidades básicas. Familias numerosas y con una moto para llevar a cinco encima, cantidad de autobuses amarillos que llevan a los niños al colegio.

Así es el paisaje de los alrededores de Santo Domingo. Y todo eso lo he visto en tres horas de coche cruzando de una punta de la isla a la mitad de la misma.