Emociones de papel

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Se ha perdido la ilusión de escribir y recibir cartas en papel. Ayer recibí mi primera carta escrita de puño y letra. La emoción es inmensa.

Sé que la mayoría de los que leáis esto conoceréis esa sensación de sobra. Os habréis mandado mil cartas que posiblemente guardaréis, cuando no había ni emails ni todas las RRSS en las que podemos dedicarle palabras y fotos bonitas a quien nos importa. También habéis vivido el no tener móvil y depender de una cabina de teléfono. Visteis como ese móvil y sus SMS fueron la revolución. Luego ya aparecieron las redes sociales… Medios que hacen que las relaciones a distancia de antes nada tengan que ver con las de ahora. A los que pudisteis con ella, con la temida palabra “distancia”, tenéis mi más profunda admiración.

No sé vosotros, pero quiero vivir esas sensaciones que muchos habéis disfrutado. Que broten sin querer sonrisas al ver una carta a vuestro nombre, que se te escape una lágrima al leerla, sentir a la otra persona más cerca, la sorpresa de saber si hoy habrá un sobre con sello de colores, la pena de ir al buzón y que aún no haya llegado, la intriga de no saber cuándo responderá, ni cuándo llegará, los nervios al abrir el sobre, no tener la inmediatez en la respuesta, el cosquilleo en la tripa que te invade todo el cuerpo mientras vas leyendo, poder pasar el dedo por las letras y sentir el roce de la tinta…

“Me hace ilusión ser el primero (y quizás el último) que te mande una carta en papel”.

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Siente. Fuerte. Hazlo tangible.

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Cada vez que escribo una carta, le hago una foto. Me gusta dejar notas por sorpresa escondidas en un cajón, debajo de la almohada, en medio de un libro que estés leyendo, encima de la mesa de la cocina… Y desde hace un tiempo, siempre hago una foto de cada nota de papel.

Por si me olvido de lo que puse, aunque no de lo que me hizo sentir escribirlo, por poder volver a leer todo lo que te dije y recordar también lo que nunca llegué a decirte. Bien porque sobraron las palabras o bien porque no me atreví a hacerlo. Releo la carta, cierro la puerta y me voy. Llena de ilusión y ganas por leer tu mensaje de sorpresa tras haberla leído. Hasta que veo tu nombre en mi pantalla voy leyendo mis propias palabras en la foto y me aseguro de que estoy lista para que sepas lo que quiero decirte.

Así me gusta archivar mis propias palabras cuando se dejan tocar. Escribir es una forma hacer tangible lo que tratas de explicar cuando sacas lo más profundo de ti y lo pones por escrito. Otros hacen e improvisan música.

Me encanta sentir. Hacer que los demás sientan. Conmigo o sin mí. Pero que sientan y que nunca dejen de hacerlo. Con todo lo bueno y todo lo malo. Y porqué no, en ocasiones que sea revuelto, no agitado. Pero sentir, con fuerza. Y pasión. Un sentimiento no se puede tocar, pero a veces te provoca hacer cosas que sí se pueden ver. Y muchas veces van más allá de las palabras.

– Y tú ¿qué sabes hacer que sea tangible? […]