“Los buenos ratos, el sol de enero…”

El brazo está caliente, la ropa negra hace que el calor penetre por ella haciendo que éste sea más intenso y marcado. El sol siempre haciendo de las suyas.

Hoy no hacía excesivo calor, más bien mucho frío, un día nublado y con aire que viene congelado del alto de los Alpes. Nada acogedor, pocas ganas de ir por la calle, con el abrigo bien cerrado, sin botones que hagan que entre ese aire que te congela la espalda cuando te toca, con la bufanda bien sujeta al cuello para mantenerla a la temperatura corporal estable. Guantes por si llevas las manos fuera de los bolsillos, si no es así las que llevas guardadas sin sacar de ahí. A no ser que tengas que hacer una foto, o dos. De esos momentos que tienes que capturar y da igual que haga frío, que nieve, esté cayendo la del tigre o truene.

Ahi estás ese mismo día sentado y recibiendo un agradable calor en tu piel. Porque por la ventanilla del avión entra ese sol tan acogedor que siempre será bien recibido. Sobre todo si fuera hace frío. Cuando el día es gris y parece que el sol no está en ningún lado, volando hasta arriba ves que sí está. Y calienta.

En medio del mar muerto de nubes que nunca tiene mareas altas o bajas. De las que dan ganas de echar a correr por encima de ellas y comértelas a bocados si te caes de morros contra ellas.

Y sí, los aviones inspiran.

 

Anuncios

¿Donde está?

Hoy no tengo inspiración. Ni hoy, ni los días que llevo intentando pensar en algo de lo que escribir. Hace una semana que me planteo que ya toca poner algo nuevo aquí y no hay manera de que salga algo.

Una vieja amiga y compañera de clase, recomendaba de vez en cuando hacer escritura rápida. Escribir lo que estás pensando en ese momento sin que importe lo que digas, escribir sin sentido, pero que luego todo tendría un significado. Es lo que estoy intentando hacer ahora.

No sé si será el estar de vacaciones, llevar días sin estar con mis amigos de siempre en Madrid, sin él, echar de menos o qué. Quiero pero no puedo y eso me pone de mal humor porque casi siempre tengo algo de qué escribir y no me cuesta.

No te puedes obligar a inspirarte. Eso es algo que viene porque sí, cuando ves, escuchas o descubres algo que te hace pensar. No puede ser que en un mes no me haya inspirado para escribir. Y me niego a abandonar el blog por no hacerlo. Por eso escribo hoy, para dar señales de vida. Pero todo va bien. En serio. Aunque esté de mal humor en este momento.

Ahora me sale un post de haber escrito por escribir. Estoy cabreada y no me gusta, pero sin querer se me ha ido la mano al botón de publicar.