Curso 2011-2012

Si ayer tenía ganas, intriga y curiosidad por empezar, hoy ya se me ha acabado todo eso.

  1. He oído la palabra SELECTIVIDAD y PAU en el 99,9% de las frases que han dicho hoy los profesores. Excepto cuando han empezado a dar un poco de clase para ir avanzando.
  2. Me han metido miedo en cada una de las presentaciones de cada asignatura y formas de evaluar que van a tener en cada una de ellas ya que todo será ir deprisa y corriendo.
  3. Ya estoy agobiada el primer día porque no quiero perderme. Hasta se me han quitado las ganas de hacer un viaje que llevo soñando hacer toda mi vida, Nueva York, en el que tengo que faltar dos días, únicamente por el estrés que conlleva este curso. Aún así espero disfrutar esos cuatro días que esté allí este Octubre.

«Este curso es un suspiro y cuando no os deis cuenta ya estaréis en Mayo delante de vuestro examen de selectividad

Sí, volvió a sonar esa palabra.

«Olvidad todo lo que era primero, segundo no tiene nada que ver.»

Una vez más, motivando (pista: no).

Por ahora sé una cosa y es que la asignatura que menos me gustaba, historia, puede que este año sea la que mejor me expliquen y pueda sacarla con menor dificultad. Espero que así sea. Por mi parte pondré los codos que hagan falta. Seguramente tenga que comprarme coderas, que de la falta de costumbre se me van a quedar hechos polvo en el primer trimestre 😛

Tic, tac, tic, tac…

Se acaba mi verano, esos dos meses y medio de no hacer nada que se hacen esperar tanto durante el curso. Toca empezar. Mi último año de colegio. El año de ser los mayores del cole a los que todo el mundo mira con envidia porque son los que llevan ropa de calle, salen antes, terminan las clases cuando los demás están con exámenes de la 3ª evaluación, terminan el colegio antes que ninguno y tienen fiesta de graduación por todo lo alto. Este curso se podrá hacer llevadero si tenemos en cuenta la vida fuera de las mesas, pizarras, profesores, exámenes, notas y agobios. Amigos y gente especial que harán posible que esta etapa que pone punto y final a mi vida escolar sea más amena, alegre y animada.

Sí, suena maravilloso pero seguro que en realidad es el peor curso al que me enfrento en mi vida escolar y todas las «ventajas» que ponen, lo hacen en realidad para hacerte más llevadero que te están agobiando día tras día. El curso que se pasa volando y en donde vas cuesta abajo y sin frenos (que ojalá sea cuesta arriba pisando el acelerador). Y no quiero empezar. Me quedaría en 1º repitiendo todo lo que he hecho para subir nota. Que esa es otra ¡la media! esa que cuenta un 60% en selectividad y por la que reclamas hasta la última décima en cada examen para que te la suban como sea.

Selectividad, eres el terror de las nenas, tía. Para que luego no seas tan dura como pareces, pero en la que nos jugamos tanto… Eso de hacer cuatro exámenes obligatorios que aprobándolos puede que no lleguen para hacer la carrera que quieres (si es que ésta pide mucha nota) y tener que hacer más exámenes extra para llegar a la nota no es justo. Antes no sé como sería, pero seguro que no tenía nada que ver y que al estar en la edad de protestar por todo protestamos sin razón.

Pero bueno, eso es el mundo de las universidades públicas, en las privadas ese problema no existe. Con aprobar entras y por eso dicen que es la universidad de los tontos. Pero no voy a entrar a discutir porqué una es mejor que otra, esos debates ya me los como en muchas ocasiones. El caso es que saques la nota que saques, estudies donde estudies y trabajes en lo que trabajes, tienes que pasar por selectividad. A no ser tambien que te vayas por FP y te ahorres las agonías. Pero no, tampoco es mi caso. Soy masoquista y me apunto a eso de hacer selectividad, que dicen que hay ambiente y que al final de exámenes se juntan muchos y se van de fiesta para celebrar que se acabaron los exámenes.

Luego vienen casi tres meses de vacaciones. Lo que dicen que son las vacaciones de tu vida. Y espero que así sea porque voy a esforzarme este curso por tener un verano bien merecido y hacer todo lo que deseo hacer el verano que viene. Pero luego toca universidad y… De ese mundo ya os hablaré en un año.

Deseadme suerte, empieza mi cuenta atrás.

P.D: Cuando sepa la fecha exacta de selectividad pondré en marcha una cuenta atrás que me indique los meses, semanas, días, horas, minutos y segundos que me quedan para esos días. Sí, soy así de… no sé cual es la palabra que encaja mejor, porque previsora no es ¿desmotivadora? ¿agonías? Si encuentro la palabra perfecta, la añadiré a continuación.

De una semana perfecta

Hace unos días empezó una semana que sería una experiencia clave para esta relación. Podríamos llamarlo escapada pero sin alejarnos mucho de la sensación de estar en familia. Una semana y dos días de convivencia para aprender a estar juntos cada día.

Los días transcurrían de esta manera: me despertaba y ya estaba a mi lado abrazándome o acariciando el pelo para decirme buenos días y empezar el día de la mejor forma posible. Desayunábamos y después de recoger la mesa tras esperarme a que me terminara la tostada quedándome la última, subíamos a hacer las camas después de haber jugado a hacernos cosquillas. Decidíamos quien se duchaba antes y nos escribíamos mensajes en el vaho para que el fuera a ducharse después lo leyera, nos arreglábamos después de que hubiese elegido su ropa, que me tomara con calma el pensar lo que me pondría yo y bajábamos a comer. A veces nos tocó pensar qué hacíamos de comida mientras comíamos pan con pan. Después decidíamos qué íbamos a hacer por la tarde y acabamos dando paseos hasta que él se supo la ciudad con los ojos cerrados de lo fácil que es recorrérsela. Me las ingenié para llevarle a lugares distintos cada día y le enseñé de la ciudad todos los sitios que quería que viera, incluso repitiendo en alguno. Nos hicimos fotos para no olvidar estos días y capturamos las escenas más bonitas que se me ocurrieron. Al llegar a casa nos lavábamos los dientes mientras contemplábamos quien ponía las caras más feas en el espejo entre risas. Después del largo día ya tocaba irse a la cama y eras él quien me daba las buenas noches con un beso.

En estos días que esperábamos con nervios pensando que  nos agobiaríamos al pasar tanto tiempo juntos o que incluso nos cansaríamos el uno del otro dejando de tener tema de conversación, nos dimos cuenta de que eso no pasaba. Cada día era diferente y si había momentos en silencio, éstos no resultaban incómodos ni molestos, sino todo lo contrario.

Es por eso por lo que me llena de alegría saber que queremos volver a repetir semanas como esta, en la que ha habido tantos momentos especiales e importantes para los dos. El presentarle a mi familia es uno, el hecho de que consiguiera que me bañara en el mar por primera vez en el verano cuando no me gusta especialmente es otro… Y así muchos más.

Como esta semana, que fue perfecta, estoy segura de que volveremos a repetir esta experiencia juntos de nuevo.

Quieres, ¿verdad?

De sueños… o recuerdos

Hace poco tuve un sueño que desde entonces no se me ha borrado de la cabeza y que recuerdo a la perfección.

Estaba en una camilla, en una habitación con paredes verde vichy, como si se tratara de un hospital, alguien me ponía una máscara de oxígeno diciéndome que olía a menta y que me iba a entrar mucho sueño. En menos de que contara tres recuerdo que me quedé dormida. Cuando me desperté estaba en otra habitación, no recuerdo si de paredes azules o beige, pero estaba con una venda cerca de la barbilla y me decían que todo había salido estupendamente, que los puntos me los quitarían en unos días y que pronto estaría fuera.

Tengo recuerdos de entrar en una camilla en el hospital y ver una foto de Minnie como esta enmarcada en la pared de una recepción, de dar paseos por los pasillos en una silla de ruedas, que me regalaran un juguete con forma de rana verde y desde entonces no me acuerdo de nada más.

Pero cada vez que me miro al espejo desde hace catorce años veo la cicatriz. El flequillo de medio lado trata de tapar la más grande para que se disimule mejor y pocas veces voy con el pelo completamente echado hacia atrás. Aunque la gente me diga que me queda bien estar sin flequillo o me lo aparten con cariño no acabo de estar cómoda. La marca que tengo al borde del labio inferior no se nota, la de la nariz menos y el lagrimal simplemente deja que caiga una lágrima aunque no tenga ganas de llorar. Desde entonces viene de ahí mi temor a los perros grandes negros, que me den respeto cuando ladren y que odie que salten poniéndose a mi altura.

Ese sueño podría ser simplemente un sueño más si no tuviese algo que ver con lo que ocurrió hace años, pero igual es un recuerdo, la mente, que hace cosas así de extrañas cuando no te das cuenta. Lo que me extraña es que es un sueño que recuerdo tan bien que aunque hayan pasado días desde que esa historia apareció en mi cabeza es como si la hubiera vivido hace poco. Así que ahora estoy con la incertidumbre de saber si eso pasó de verdad o es todo fruto de mi imaginación.

De cambiar de aires

Hola, hacía mucho tiempo que no nos veíamos… ¿Qué tal? Espero que el viaje hasta aquí no haya sido muy pesado, que vengas con ganas de pasarlo bien y hacer algo distinto ¿Vienes?

Para empezar, el paisaje aquí es muy distinto, hay mar, el más frío que bordea la península y el que trae consigo que la temperatura sea más suave que por el centro. Las carreteras aquí tienen su encanto, sobre todo las que unen los distintos pueblos. Tienen muchas curvas y están rodeadas de árboles altísimos de hoja perenne. Del suelo crecen los helechos que forman la alfombra natural del paisaje. A veces se ven granjas y huertos con espantapájaros por el camino. Además, en estas fechas el verano es a ratos. Puedes tener un día con mucho calor y al día siguiente puede caer la del tigre, por eso espero que hayas traído chaquetas para las noches que suelen refrescar y para los días que están nublados y corre un poco de aire.


Mira, ven, acompáñame. Esto es el paseo marítimo, el más largo de toda Europa y si damos un paseo podemos ir a la Torre de Hércules y al acuario bordeando las playas más conocidas de la ciudad, ver el Millenium y las playas de de Riazor y Orzán. La arena es incómoda porque rasca mucho y duele un poco cuando andas, porque se te clava en los pies, pero no por ello estas playas están menos concurridas en los días de temperaturas altas. Vamos a darnos paseos por aquí, no es lo mismo contarlo que vivirlo, es realmente bonito, merece la pena. Además huele a mar y al olor típico de Galicia que te acompaña siempre desde que pones un pie en la ciudad hasta que te vas.

Pero sin duda una de las zonas que más me gusta es la del centro de la ciudad. Empezando por la calle Real con sus tiendas pequeñas y cafeterías. Te voy a hacer parar en una cafetería especial para que te tomes un frappé de Oreo, y llegando hasta Maria Pita, aprovecho y te enseño el meridiano que pasa por aquí. Para cenar podemos salir de tapas, hay una ruta típica. Empezamos por un cocodrilo, pasamos por un tequeño, un piroliño, vermouth de barril con unas alitas de pollo y porqué no, un vino de porrón con cacahuetes. Después de postre podemos ir a la heladería Colón, la más antigua de aquí o a la italiana que tampoco la descarto. Otro día te voy a llevar a la crepería en donde se come tan bien y de la que te he hablado muchas veces cuando pienso en enseñarte la ciudad.

Cuando demos paseos te llevaré a ver las iglesias que hay por el centro. Son románicas y muy bonitas tanto por fuera como por dentro. En una de ellas es en donde me bautizaron, en otra fui la niña de las flores y en otra una invitada más a una boda. Que no se me olvide llevarte al Monte de San Pedro, no puedes irte sin estar ahí arriba y asombrarte con las preciosas vistas de la ciudad desde arriba. Daremos un paseo por allí y nos perderemos en el laberinto. Tambien podemos ir al Parque Pasatiempo y pasear por los Jardines de Méndez Nuñez… ¡será por parques!

Espero que te guste, aunque a mí me cueste pasar aquí mis vacaciones porque preferiría estar con amigos en casa o en bares de por allí, aquí se cambia de aires. Es un lugar más tranquilo y bonito, eso es algo que no puedo negar. Por eso quiero que el tiempo que estemos juntos aquí sea para recordar.

Además, se me ha olvidado decirte que esta ciudad es bastante romántica, aunque igual eso lo pienso ahora que estoy en mi nube.

De despedidas

Y entonces nos dijimos «hasta mañana»

Pero para eso hicieron falta 40 minutos. Probablemente los 40 minutos más largos en los que no sabíamos en cual de esos minutos sería el último beso. En los que cada vez que nos separábamos queríamos volver a juntarnos y no separarnos aún porque era pronto. Porque no quería irme, ni él quería que me fuese, pero se estaba haciendo tarde y el reloj ya marcaba las dos de la mañana.

Durante todo el día que pasamos juntos disfrutamos cada minuto. Estuvimos casi doce horas que nos dejaron con ganas de más. En la cena intercambiamos miradas, algunas con palabras, otras en silencio, susurros que me pedían que no llorara y lo mucho que me quería. Mucho me pedía con eso de no echar lagrimita al final. Nunca he tenido facilidad para llorar pero en los últimos tres meses he estado más sensible y las lágrimas me han salido sin ninguna complicación. No porque haya sido infeliz, sino porque últimamente me he emocionado con más facilidad.

Llegamos a la puerta de mi casa, esa que pueden vigilar todos los vecinos privilegiados que tienen las ventanas que miran hacia ella. Ventanas abiertas para que entre algo de aire en una noche con calor y se cuelen en las habitaciones las conversaciones y despedidas de los que pasan un rato ahí hasta marcharse.

Entonces ahí estaba yo, en ese momento que llevaba queriendo evitar todo el día. Por el que había llorado por la mañana antes de irme a pasar el día fuera, el que me llevaba rondando la cabeza el mismo día, al que tuve que enfrentarme durante esos 40 minutos, el que después me hizo llorar en casa al día siguiente y el que me acompañó el viaje hasta el destino de mis vacaciones.

«Mañana en cuanto llegues, llámame, estaré en el ensayo pero da igual, quiero saber que has llegado»

«Lo haré»

Nos abrazamos muy fuerte y empecé a llorar. No quería hacerlo porque me pidió que no lo hiciera, pero cuando me miró ya tenía los ojos llenos de lágrimas, rojos y manchados de negro por la pintura. Me pidió que me tranquilizara y le pedí perdón por no ser capaz de aguantarme la llorada pero me dijo que me desahogara, aunque así lo hiciera más difícil para los dos. Me separé, pude respirar hondo y le besé como si fuera la última vez. No quería que ese beso acabara nunca, si me separaba tendría que subir a casa. Entonces se me volvieron a saltar las lágrimas sin querer y me apoyé en su hombro otra vez. Me acariciaba el pelo y la espalda diciendo que no pasaba nada, que en pocos días volveríamos a vernos.

«¿Vendrás?»

«Voy. Sin condicionales.»

Le volví a besar.

Cuando creía que ese había sido el último beso me armé de valor para separarme, abrir la puerta y entrar en la urbanización. Le dije que le quería y empecé a subir los escalones. La tentación me pudo, haciendo que me girara y vi que seguía parado en la puerta mirando cómo me iba, a lo que le grité «¡VETE!» mientras volvía hacia él corriendo para echarme a llorar otra vez. Cuando logró tranquilizarme de nuevo, sí que fue el momento de despedirnos de verdad.

«Por favor, cuando me separe dime que  te irás al coche y no estarás detrás de mi»

«Vale…»

Nos besamos agarrándonos de las manos que se soltaron minutos después. Me giré y me prometí no mirar hacia atrás mientras le oí decir un hasta mañana que sabía que no sería porque hasta dentro de unas semanas no volvería a verle, pero sí hablaría con él todos los días.

Hasta mañana. Y me volví a echar a llorar, mientras subía en el ascensor y abría la puerta de mi casa, esta vez sin él y me traté de tranquilizar sola mientras hacía sentir culpable a mi madre por irnos de vacaciones.

«En pedacitos de canción…» (*)

“Vente a casa sobre las nueve”

Eso ponía en el mensaje.

Nada de esto será tan breve.

Terminará cuando te abrace.

Desde hace un tiempo escribo canciones de las cuales espero que algunas puedan salir a la luz. Como en la película de «Tú la letra y yo la música» de Hugh Grant y Drew Barrymore, que ellos pongan la música, yo escribiré las letras.

(*) «Si me coges me compones, o eso es lo que creo yo, parapá, parapá, parapá, parapá… Y con tanto y con tan poco se hizo grande la ilusión» -Maldita Nerea-

Puede ser…

20110701-125745.jpg

Que no haya nada que me guste más que estar tumbada a su lado. En donde está el último botón de la camisa abrochado, colocar la cabeza, poder escuchar el ritmo de su corazón y jugar con la púa de plata que lleva colgada del cuello. Que si respiro deprisa por alguna extraña razón o simplemente por lo feliz que soy en ese momento, que inspire muy fuerte hinchando su pecho para que inconscientemente respire a la misma velocidad que él. Que me acaricie el pelo mientras estamos en silencio y finjo quedarme dormida. Cuando estoy casi dormida de verdad, notar un tierno beso en la frente. Abrir los ojos y ver que estoy tumbada a su lado en el sofá de la terraza, con dos velas encendidas de noche, con una agradable brisa de verano y mientras ver las estrellas en el cielo. Que sobren las palabras, si las hay, que suenen muy bajito, pero lo suficientemente alto como para que mi oido las pueda oir sin preguntar dos veces. Sentir el cariño que transmiten esos minutos y que no haya nada que interrumpa esos momentos.

Sólo eso, el simple hecho de tumbarme a su lado es lo que me transmite más felicidad del mundo ¿no es demasiado sencillo para ser verdad?

Sí, y es que los detalles más simples son los que más ilusión hacen.

¡Se acabó!

Notas en mano y bajar a Madrid centro con tres buenas amigas a hacer una cola de cuatro horas para ir al concierto de Coca Cola Music Experience para ver entre otros a Maldita Nerea. Con el curso acabado, así comenzó mi verano y la verdad es que no me puedo quejar.

Buenas notas, pero como siempre en estas fechas pienso en que se podrían haber mejorado, lo que está hecho, hecho está y ahora toca disfrutar del verano que tanto tiempo llevaba deseando. Sinceramente el curso de 1º de bachillerato ha sido… más fácil de lo que me esperaba pero he tenido que currar bastante para acabar todo con buenas notas. Pero sí, podía haber trabajado el doble y sobre todo haberme planificado mejor. Este curso y el siguiente se basan en saber llevar las cosas al día sin que los profesores estén detrás de ti obligándote a estudiar. Eres más libre y por lo tanto sufres más consecuencias. Te tomas el curso a la ligera y cuando se acerca la semana de exámenes es cuando corres porque te pilla el toro. Y ha habido noches de acostarme tarde por estar estudiando un examen de historia o uno de filosofía. Los demás en una tarde se estudiaban de sobra. Pero sólo si llevabas días anteriores mirándote el tema, para qué engañarse.

Pero sin duda lo mejor del curso han sido los compañeros de clase. Sin los que este curso probablemente habría sido más monótono y aburrido. Que en clases me he echado más risas que nunca, he cogido más confianza en mi misma y con ellos y sobre todo he aprendido a abrirme más a los demás. Nombres con los que me quedo de este curso son: Guille, Felipe, Ainhoa, Alberto, Carolina y Alba. Sin olvidarme de otros tantos que hicieron que el viaje de fin de curso a Italia fuese inolvidable. Donde tuve una semana para ver los sitios más bonitos a los que siempre quise ir, aprender a administrarme el dinero que llevaba encima y no comprar por comprar, aprender a organizar el tiempo libre que teníamos en el barco después de las excursiones por las distintas ciudades, celebrar mi cumpleaños sin las personas que más quiero pero sí con compañeros que trataron que ese día estuviese feliz y contenta. Gracias. En ese viaje tambien me di cuenta de que se pueden estar dos o tres días sin internet y que no se rompe el mundo. Siempre quedan los sms, llamadas y una fracasada tarifa de datos que no funcionó correctamente que hacen que la factura arda al volver a casa.

Aunque este curso tampoco habría sido igual sin esa personita tan especial que me ha motivado cada día para que estudiara, quien se ha alegrado por mis buenas notas y quien se ha preocupado cuando no entendía algo y era capaz de explicarme economía por teléfono para hacérmelo más ameno porque no podía venir a casa a explicármelo en persona. Quien se ha pasado clases hablando conmigo a escondidas usando la wifi de la universidad mientras me moría de asco en historia. Quien a pesar de su dura vida de universitario además de hacer el último curso de conservatorio con millones de exámenes cada semana ha tenido siempre un hueco o incluso dos para verme y alegrarme cada semana. Y gracias a él cada lunes iba contenta a clase y me sentaba en mi mesa con una sonrisa que Ainhoa sabía que era porque había pasado un buen fin de semana. «Eres muy previsible y se te nota en la cara cuando estás bien y cuándo no, así que venga, cuéntame que habéis hecho este finde».

Este curso ha tenido grandes momentos y gracias a ellos creo que ha sido el mejor hasta ahora de mi vida de estudiante. Quién sabe lo que me espera en el siguiente, el último de colegio, en donde sí que se va a notar presión, poco tiempo, mucho trabajo, nervios, agobios y estrés.

Lengua, Filosofía, Historia, Inglés, Latín y Griego, nos vemos en septiembre para volver a empezar, que este año acabamos las clases en mayo para luego jugárnoslo todo en selectividad.

Hoy, hace un año…

Llevábamos hablando días por chat, conociéndonos y sacándonos información. O bien por nosotros mismos o preguntándole a amigos en común. Pero siempre es mejor descubrirlo juntos.

Teníamos ganas de vernos, otra vez como el pasado día 25 en la graduación. Hoy también iba a ser un día normal pero distinto. Habíamos quedado por la tarde, así que después de hacer el último examen que me importaba del curso, me tomé la tarde libre para quedar con el chico que conocí días atrás.

Llegué con una amiga al conservatorio a las seis y media. Ella se fue a la biblioteca en cuanto le vi y nos dejó solos. Y ahí estaba yo, con un chico al que conocí apenas 15 días antes que llevaba unos vaqueros rotos, camiseta roja, barba, mucha barba y una guitarra. Nos saludamos tímidamente con dos besos y entramos en el conservatorio en busca de una clase vacía que tuviera un piano. La encontramos y allí nos quedamos. Era un piano de cola negro muy bonito. Sacó su guitarra de la funda y empezó a tocar Pienso en aquella tarde ya que Lady Madrid no se la había mirado. Estaba tímida, me daba corte sentarme delante de él y empezar a cantar sola.

Me saltaba los primeros versos y entraba en el estribillo ya empezado. Entonces intenté desviarle del tema porque me estaba dando suficiente corte como para no querer seguir y le entretuve diciendo que la tocara en el piano. Minutos después le pedí que me enseñara a tocarla. Colocó mi mano en las teclas para que eso sonara como era debido. Repetí la secuencia de notas varias veces mientras pensaba en como acabaría la tarde. Creo que él pensaba lo mismo, estábamos callados, sentados en la banqueta del piano sin apenas mirarnos. Hasta que levanté la mirada de las teclas y me estaba mirando, como el día de la graduación pero más de cerca. Cada vez nos acercamos más y sin querer se juntaron nuestros labios en un tímido beso. No parecía importarnos y lo repetimos otra vez. Y así una vez más hasta que se abrió la puerta y entró un profesor preguntando si íbamos a estar mucho tiempo en la clase. Salimos inmediatamente de allí esperando que no nos hubiesen visto y buscamos otra clase vacía.

No tardamos mucho en encontrarla y nos metimos en ella. Otro piano de cola. Esta clase era más pequeña, soleada y amarilla. Aunque habíamos cambiado de escenario, se volvió a repetir la escena de antes. Teclas, miradas, timidez y un dulce beso. O más de uno.

En la clase había un espejo en la pared para que el profesor vea en el reflejo la colocación de manos sobre el piano, pero un rato después el reflejo que había en él era muy distinto. Una pareja se daba esos besos que probablemente ya habían imaginado días anteriores mientras simulaban en sueños escenas típicas en las que el chico le roba un beso a la chica y sube el volumen de la música.

Realmente ese día sabía lo que había pasado pero no me imaginaba que unos bonitos besos entre una melodía acabarían en una relación tan bonita como esta. Hoy, 365 días después se cumple un año desde aquella primera vez a solas con él. Y desde entonces comenzó una bonita historia. Porque desde ese día, la persona que me ha hecho más feliz y me ha demostrado tanto es él. Y no quiero que esto acabe porque pocas historias así me han contado, por no decir ninguna. Que en un año no ha habido ningún momento que me haya hecho arrepentirme de haber quedado con él un 14 de junio del 2010.

Me importas.

♫ ♬ ♪ | Audio | ♫ ♬ ♪

Lady Madrid – Pereza

Pienso en aquella tarde – Pereza, David Summers y Dani Martin