De cambiar de aires

Hola, hacía mucho tiempo que no nos veíamos… ¿Qué tal? Espero que el viaje hasta aquí no haya sido muy pesado, que vengas con ganas de pasarlo bien y hacer algo distinto ¿Vienes?

Para empezar, el paisaje aquí es muy distinto, hay mar, el más frío que bordea la península y el que trae consigo que la temperatura sea más suave que por el centro. Las carreteras aquí tienen su encanto, sobre todo las que unen los distintos pueblos. Tienen muchas curvas y están rodeadas de árboles altísimos de hoja perenne. Del suelo crecen los helechos que forman la alfombra natural del paisaje. A veces se ven granjas y huertos con espantapájaros por el camino. Además, en estas fechas el verano es a ratos. Puedes tener un día con mucho calor y al día siguiente puede caer la del tigre, por eso espero que hayas traído chaquetas para las noches que suelen refrescar y para los días que están nublados y corre un poco de aire.


Mira, ven, acompáñame. Esto es el paseo marítimo, el más largo de toda Europa y si damos un paseo podemos ir a la Torre de Hércules y al acuario bordeando las playas más conocidas de la ciudad, ver el Millenium y las playas de de Riazor y Orzán. La arena es incómoda porque rasca mucho y duele un poco cuando andas, porque se te clava en los pies, pero no por ello estas playas están menos concurridas en los días de temperaturas altas. Vamos a darnos paseos por aquí, no es lo mismo contarlo que vivirlo, es realmente bonito, merece la pena. Además huele a mar y al olor típico de Galicia que te acompaña siempre desde que pones un pie en la ciudad hasta que te vas.

Pero sin duda una de las zonas que más me gusta es la del centro de la ciudad. Empezando por la calle Real con sus tiendas pequeñas y cafeterías. Te voy a hacer parar en una cafetería especial para que te tomes un frappé de Oreo, y llegando hasta Maria Pita, aprovecho y te enseño el meridiano que pasa por aquí. Para cenar podemos salir de tapas, hay una ruta típica. Empezamos por un cocodrilo, pasamos por un tequeño, un piroliño, vermouth de barril con unas alitas de pollo y porqué no, un vino de porrón con cacahuetes. Después de postre podemos ir a la heladería Colón, la más antigua de aquí o a la italiana que tampoco la descarto. Otro día te voy a llevar a la crepería en donde se come tan bien y de la que te he hablado muchas veces cuando pienso en enseñarte la ciudad.

Cuando demos paseos te llevaré a ver las iglesias que hay por el centro. Son románicas y muy bonitas tanto por fuera como por dentro. En una de ellas es en donde me bautizaron, en otra fui la niña de las flores y en otra una invitada más a una boda. Que no se me olvide llevarte al Monte de San Pedro, no puedes irte sin estar ahí arriba y asombrarte con las preciosas vistas de la ciudad desde arriba. Daremos un paseo por allí y nos perderemos en el laberinto. Tambien podemos ir al Parque Pasatiempo y pasear por los Jardines de Méndez Nuñez… ¡será por parques!

Espero que te guste, aunque a mí me cueste pasar aquí mis vacaciones porque preferiría estar con amigos en casa o en bares de por allí, aquí se cambia de aires. Es un lugar más tranquilo y bonito, eso es algo que no puedo negar. Por eso quiero que el tiempo que estemos juntos aquí sea para recordar.

Además, se me ha olvidado decirte que esta ciudad es bastante romántica, aunque igual eso lo pienso ahora que estoy en mi nube.

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2 comentarios en “De cambiar de aires

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