¿Donde está?

Hoy no tengo inspiración. Ni hoy, ni los días que llevo intentando pensar en algo de lo que escribir. Hace una semana que me planteo que ya toca poner algo nuevo aquí y no hay manera de que salga algo.

Una vieja amiga y compañera de clase, recomendaba de vez en cuando hacer escritura rápida. Escribir lo que estás pensando en ese momento sin que importe lo que digas, escribir sin sentido, pero que luego todo tendría un significado. Es lo que estoy intentando hacer ahora.

No sé si será el estar de vacaciones, llevar días sin estar con mis amigos de siempre en Madrid, sin él, echar de menos o qué. Quiero pero no puedo y eso me pone de mal humor porque casi siempre tengo algo de qué escribir y no me cuesta.

No te puedes obligar a inspirarte. Eso es algo que viene porque sí, cuando ves, escuchas o descubres algo que te hace pensar. No puede ser que en un mes no me haya inspirado para escribir. Y me niego a abandonar el blog por no hacerlo. Por eso escribo hoy, para dar señales de vida. Pero todo va bien. En serio. Aunque esté de mal humor en este momento.

Ahora me sale un post de haber escrito por escribir. Estoy cabreada y no me gusta, pero sin querer se me ha ido la mano al botón de publicar.

Dicen que es verano…

Y yo me lo creo. Es martes miércoles por la tarde y ya no sé en qué día vivo. Esta es la esperada sensación que añoraba tener. La de no saber qué día es hoy de la semana y mucho menos día del mes. Con unos cascos y música alta sonando estoy escribiendo este post.

He abierto Spotify y he dejado puesta una lista de reproducción de Muse. Este último mes entre unos y otros, me han enganchado bastante al grupo. Suenan bastante bien. Las introducciones están fenomenal, de algunas canciones es lo que más me gusta.

Estoy tranquila y sin nada que hacer. Hoy por fin es verano de verdad y no primavera maquillada de un calor al que ha costado llegar. Se presentan dos meses y medio de vaguear en casa, piscina, tomar el sol, cenas con amigos, algún que otro viaje, fiestecitas…

Claro que este verano no se podría presentar si no hubiese aprobado el curso de 4º. Han sido diez meses de trabajo, pero he de admitir que no tan duros como el año pasado. Me fui por letras y me quité biología, física y química y matemáticas difíciles. En su lugar he tenido unas matemáticas sencillas que me han servido para aclarar dudas de otros cursos, reforzar conceptos y aprender alguna que otra cosa nueva. He tenido latín, que me ha costado entenderlo al principio pero con un poco de estudio he conseguido sacar la asignatura. Finalmente como optativa he dado Iniciativa emprendedora, una asignatura nueva que ha sido como una versión light de economía que me ha servido apra meterme un poco en el mundo de la empresa, aprender bastante y ponerlo en práctica imaginando que formaba una empresa por mi cuenta. Una muy buena experiencia.

Sinceramente, creo que ha sido un curso fácil. Podría decir que para compensar con el anterior. Ahora me enfrento a bachillerato yéndome por sociales. Tengo ganas, pero estoy algo agobiada porque todo el mundo me ha dicho que el cambio de ESO a bachillerato es muy brusco y que hay que esforzarse por lo menos, el triple. Si eso es todo, tendré que poner más codos y ajo y agua. Que estas notas ya cuentan para selectividad y hay que currárselo bien bien. De momento, a disfrutar del verano, que luego se echará de menos.

P.D: En el blog, ya he puesto una foto parecida a esta, pero quería ilustrar el post con alguna imagen y no se me ocurría cual, así que he elegido esta misma, que creo que no desentona tanto.

Audio: Undisclosed desires

Emprende

En tu cabeza siempre habrá un montón de ideas, pero todas ellas agrupadas en tres.

1) Las cosas que quieres hacer.

2) Las que piensas hacer.

3) Las que pasan cuando las has pensado.

Porque la cabeza es como un nido de pájaros. Llega un pájaro, construye su nido, se queda allí un tiempo, pone huevos y al cabo de un tiempo, éstos se rompen, salen los pollitos y echan a volar.

Con la cabeza pasa lo mismo. Tienes una idea, construyes algo con ella, se queda en tu cabeza un tiempo, haces que surja y cuando sacas de ti esa idea, vuelve a haber allí otra nueva que se desarollará.

No esperes a que las cosas pasen por sí solas, haz que éstas pasen sin esperar a lo que vaya a pasar después, ya vendrá otra con la que estar otro rato pensando. Si sale bien, objetivo conseguido. Si falla, aprende de ese error y vuelve a pensar en lo que puedes hacer para que salga mejor.

Ten una idea y empréndela. Da igual lo que pase después.

Distancias

Tirar de la cabina de teléfono durante los minutos que costaba la llamada y que si no echabas una moneda más, te despedías hasta el día siguiente. Estaban los minutos contados y aprovechabas al máximo cada uno que pasaba. Tres minutos por cien pesetas eran en sus tiempos. Creas o no, tres minutos al día llegan para mucho. Uno en el que cuentas tú algo, otro en el que la otra persona responde y el sobrante para decir algunas frases bonitas y despedirte. ¿Ves? Llega.

¿Y ahora qué? Si echas de menos a alguien, puedes llamar y la llamada puede durar más que eso, además sueles tener la suerte de poder hablar por el medio que quieras. Si no es teléfono, sabes que estará conectado en algún sitio, que coincidirás con él y que estará conectado a la misma vez que tú. Igual esa es la dificultad que hay ahora que no había antes. El coincidir conectado con esa otra persona, (si no has quedado con ella para conectarte porque no tiene la suerte de estar conectado siempre).

Pero la distancia no tiene porqué ser una dificultad. Que sí, que vale, que de no verla (un mes, dos, un año, o nunca) pasas el mal rato hasta que la ves, o ni eso. Porque puedes estar colgado con alguien a quien no ves. Se puede y a veces pasa.

Shanghai

Hoy me he levantado más pronto de lo normal por el jetlag. Las 16h de avión son mortales, sabes que puedes dormir, pero entre lo que te ceban en el avión que hacen que acabes comiendo por aburrimiento y las películas que ves, acabas durmiendo más bien poco. Ayer en el avión aproveché para ver Titanic, que no la había visto nunca y con los 16 años recién cumplidos del lunes 10, ya era hora. Al final, acabé llorando ¿cuántos habrán hecho lo mismo? Seguramente sea una más. Me alegra haber encontrado una película que me haya conseguido sacar lagrimita.

El viaje que ha sido de una semana, ha merecido muchísimo la pena. Me ha encantado. ¡Es una experiencia más!

El salir a la calle y no entender nada de lo que pone en los carteles. Ir a un restaurante, que no te entiendan y comunicarte por señas, apuntando con el dedo a la carta con fotos para saber lo que quieres tomar. Poder poner verde al de al lado y que no te entienda. Ver las costumbres de los chinos, como por ejemplo, no tener servilletas y depender de una toallita mojada colocada al lado del plato durante toda la comida. Comer mientras te van sirviendo té todo el rato. Meterte en un taxi y no hablar con él taxista porque poco le puedes decir excepto «Nihao» (aká, hola) y «fappia» que es factura.

Las calles en China son 100% distintas a como son en el resto de los países. Conducen como les da la gana. Así como suena. Se saltan semáforos, se adelantan cuando quieren, no ponen las luces y mucho menos los intermitentes. Están plagadas de bicicletas, motos que conducen sin tener el motor encendido siquiera, éstas tambien sin luces. Los peatones cruzan los semáforos en rojo, cuando pasan coches tambien, los esquivan como pueden y si se les cae algo en medio de la calle, se agachan y se toman su tiempo en terminar de recogerlo todo. A todo esto, el escándalo neyorquino debe quedarse por lo bajo en comparación con el escándalo de las calles de Shanghai. Los pitidos de los coches son la banda sonora de la ciudad. Se pitan por todo, vayan a pasar o no, avisar de que vienen, cruzar o no el semáforo aunque no esté en verde. Da igual, ellos conducen sin normas. Y lo curioso es que no hay ni un solo accidente. Cosa que en cualquier otro lado ves y te cascan la multa del siglo.

Esta ciudad parece montada con un poco de maña en un dibujo. Empiezas dibujando una cosa, y acabas con otra que no tiene nada que ver con la primera. Tienes una zona que está llena de rascacielos, muy futuristas y con luces de neon por las noches. Otra es la típica que todos imaginamos de China. Edificios rojos con tejados negros, detalles dorados en las esquinas, pagodas altas con ventanas grandes y algún que otro dragón esculpido en piedra. Por otro lado tienes una zona francesa, inglesa, o simplemente de edificios bonitos no muy altos que antiguamente eran viviendas muy bien colocadas. Esta última es realmente bonita. Tiene calles enladrilladas en las que se podría rodar una escena de la película de Sherlock Holmes sin problema. Incluyen farolas altas y negras con farolitos pequeños iluminados.

De lo que realmente me he enamorado esta semana, es de los caracteres chinos. Me obsesioné el primer día en comprar un cuaderno pequeño para ir copiándolos, pero por más que busqué, no lo encontré. Habrá que volver para dibujarlos la siguiente vez.

De cómo internet cambia tu estilo de vida.

¿Te acuerdas de cuando el teléfono sólo servía para llamar, recibir y mandar sms?

¿Te acuerdas de cuando no existía un lugar en el que ponías lo que estás haciendo en cada momento y para saber lo que hace alguien le llamabas para preguntar qué tal?

¿Te acuerdas de salir de bares con tus amigos y no hacer una carrera para ver quien hace check-in antes?

¿Te acuerdas de cuando no existían los blogs y podías salir a la calle sin estar pendiente de los comentarios en moderación?

¿Te acuerdas de cuando pasabas las noches durmiendo en vez de estar colgado en una pantalla programando cada madrugada?

¿Te acuerdas de cuando ibas de viaje, hacías fotos y no estabas pensando en cuales subirías a Tuenti y cuales no?

¿Te acuerdas de cuando hacías fotos en carrete y lo de retocarlas y subirlas a Flickr para que la gente aprecie, valore y comente lo buen fotógrafo que eres era inimaginable?

¿Te acuerdas de hacer fiestas con un montón de discos en la mesa para ir pinchándolos en vez de tener un USB, tener las canciones guardadas en el ordenador y darle al play, o buscarlas en YouTube poniendo el videoclip de fondo?

¿Te acuerdas cuando la música sólo estaba en discos y si la tenías en el ordenador era porque la habías copiado del CD?

¿Te acuerdas de cuando las noticias sólo se leían en papel?

Pues yo no. ¿Y tú?

De fechas

Estaba mi libro abierto. Tenía una fecha escrita en la parte superior de la página a lápiz. Los números no estaban separados por guiones o barras, pero esa chica intuyó que era una fecha. Le buscaba sentido a los números para hacerlos cuadrar y que saliera la fecha exacta.

-¡Quién lo diría! ¡Qué rápido ha pasado el tiempo! ¿no?

-Dímelo a mí, que se me ha pasado volando.

De unos números sale una historia.

¿En qué piensas?

Hablando con una compañera, dando vueltas por el patio, cada una pensando en su mundo y sin hablarnos. En un momento inesperado para ella, chasqueo los dedos y después de un «clack» pregunto: -¿En qué piensas?¿En qué estabas pensando?- Ella me responde que miraba a unos chicos que estaban allí de pie y que se preguntaba que hacían. No es cierto, estoy segura de que no pensaba en eso. Hoy me ha contado algo con lo que me ha dejado sorprendida y fijo que estaba pensando en ello.

Luego la miro y digo: -No estabas pensando en eso, y lo sabes» -Vale, en realidad no pensaba en nada-

Entonces es cuando me pregunto: ¿Qué es no pensar? Siempre tenemos algo en la cabeza, aunque sea al estar mirando una pared, estarás pensando en las grietas que hay en ella, pero ¿la mente en blanco? Así es como te quedas en un examen si no lo tienes preparado, «in albis» pero el no pensar en nada, no puede ser posible.

Las miradas sienten

Los sentimientos son algo subjetivo. No los vemos, ni los tocamos, pero sí los sentimos y los ven en nosotros. Pero hay gente que se los guarda, que no los sabe expresar y hace lo posible para que no se los noten. Otros tienen facilidad para mostrarlos. Les gusta que la gente de su alrededor sepa lo que piensa, o al menos que se hagan la idea con solo mirarlos.

A veces eso es bueno. Cuando no te apetece hablar y según que tipo de miradas eches, lo puedes decir todo sin haber abierto la boca. Y esa habilidad la tienen desarrollada muy pocos, pues no es fácil decirlo todo con la mirada. Siéntate y mira fijamente a una persona. Verás como su cara cambia según pase el rato. Mírala. Está pensando en cientos de cosas. ¿La estás mirando? Hazlo discretamente para que esa persona no se sienta observada. Ahí empieza el juego de miradas.

Es típico cuando a alguien le gusta una persona. La miras y observas cada movimiento que hace. Cuando te pilla mirándole, rápidamente cambias de dirección la mirada y haces como si nada hubiese pasado. No quieres que se de cuenta. ¿Se ha dado cuenta? Tan evidente no podías ser. La siguiente vez mira más de reojo. Entonces es cuando las miradas se vuelven a cruzar. Vale ya. Suficiente.

Pero ¿a que esas miradas son distintas cuando miras a alguien con quien tienes confianza? La puedes mirar todo el tiempo que quieras, no se va a molestar. El juego es distinto y hasta produce sensación de felicidad. No sabes porqué dirige los ojos hacia los tuyos, o igual sí, pero qué más dará la razón. Te estás mirando con esa persona y te da igual lo demás. Que te vean otros, que comenten, que hablen, que griten, pero ellos no tienen porqué influir en ese canal por el que se intercambian mensajes sordos, mudos. Eso ocurre si no estás a solas. Si lo estás, punto a favor para vosotros. Todo lo demás importa incluso menos porque ni está.

Y esas miradas son las que lo dicen todo. Las que valen. Las que se recuerdan. Las que son importantes. Las que disfrutas tú y las disfruta la otra persona.

Por lo tanto, con una mirada se puede decir mucho. Cosa que muchos saben hacer, cosa que otros no dominan tanto. Un movimiento de ojos determinado puede significar un sentimiento. Y saberlos mostrar es bueno. Juega un papel importante en una persona.

Sobran las palabras: las miradas sienten.

Semana Santa

Ayer, 29 de Marzo, estuve con mi mejor amiga y sus padres. Tenían ganas de ir a Santiago y decidieron hacer los últimos 5 Km andando, para ser originales. Cuando me dijeron que tenían esa idea, me empecé a reir pensando en la locura que querían hacer y mucho más cuando pensé en mi mejor amiga. Es tan vaga como yo, todo hay que decirlo. Al final, no sé de donde saqué fuerzas, pero me acabé yendo con ellos.

Creo que me motivó el que iba a estar un día entero con ella, así que igual eso fue lo que hizo que algo o más bien, alguien me sacara de casa un triste, gris y lluvioso día típico gallego. En fin, vaya caminito de Santiago. Tela.

Estoy sana y salva, que es lo importante, pero me cayó de agua encima, la que no me había caído en todo el invierno junto. Llevaba paraguas que se abría pero no se quedaba abierto, por lo tanto FAIL, así que Alba y yo fuimos como una bonita pareja enamorada bajo un mismo paraguas con cuidado para que no nos llevara el viento, que por poco nos tira al suelo. Uno de los paraguas se dio la vuelta y se acabó rompiendo. Muy listo el viento, sí. Hoy dicen que hay alerta naranja por vientos, pero aún no he salido volando.

Como bien se sabrá, Santiago es una ciudad mojada. Siempre llueve, vayas cuando vayas, cosa que en Galicia, es típico también, así que tampoco me preocupa, es normal. Cuando llueve, se forman charcos enormes en la tierra, asfalto, acera y todo lo que pises. Como la pija de la autora de este blog, es la lista que no se trae por lo menos las Converse, iba con sus botines claros metiendo los pies en los charcos y pasando de todo. Esquivarlos habría hecho que tardásemos el doble en llegar a la catedral.

Al final, mis pies acabaron calados. Mis calcetines calados. La parte del tobillo de los vaqueros pitillos, calados también. Luego llegamos finalmente a la catedral y como recompensa, tomamos empanada, pulpo, lacón y vieiras. Todo muy bueno y después nos metimos bajo la lluvia para dar otro paseo por la zona. Alba quería un anillo de azabache, recorrimos todas las platerías que había buscando uno. Cuando lo teníamos, no sé porqué no se lo compró. Ella también es muy lista. Creo que aprendí de ella.

Luego me llevaron a casa de mis abuelos y allí me quedé. Acabé cogiendo un secador para secar la ropa y mis botas. Metí el secador demasiado y lo acabé quemando. Lo sé, nuevamente, soy listísima. Por cierto, me alisé el pelo y llegué a casa con él como lo tenía originalmente, con unas ondulaciones preciosas, que sobraban, después de haberme freído el pelo el día anterior ¬¬

Por lo demás bien, nos echamos las risas, fotos y hubo las anécdotas corrspondientes. En definitiva: estuvo genial. En serio, creo que la vaga de turno, hasta repetiría 😛