Quiero…

EyePoetry3Quiero hacer muchas cosas contigo pero una de ellas en especial. Ya sabes que me encanta viajar y probablemente sepas que muy a menudo estoy mirando vuelos para poder irme contigo a algún lugar. Sé que los dos queremos salir de España y en especial ir a Francia. A París o a cualquier ciudad no tan conocida donde perdernos y donde hablar en inglés y chapurrear cuatro palabras de francés.

Sé que si fuésemos a París sería un fin de semana porque no nos daría para más con lo caro que es todo allí. Además con lo que nos gastamos en comer fuera en restaurantes bonitos durante el año, tampoco conseguimos ahorrar de manera prudente. Igual iríamos a un hotel de tres estrellas máximo, o un apartamento en Airbnb, lo que sea. Si fuese un fin de semana, aunque ya lo conozca, quiero verlo de nuevo contigo. Esta ciudad nunca cansa, cada esquina es preciosa y contigo lo será mucho más.

Me dan ganas de decirte que vayamos a pateárnosla entera, salir por la mañana tras desayunar y remolonear, coger un mapa y empezar a andar y recorrérnosla entera. Place Vendôme, Place de la Concorde y los Champs-Élysées enteros, hasta el Arc de Triomphe. Cuando estuviésemos cansados nos tomaríamos un café au lait o un chocolat con macarons y croissants. Tienes que conocer los mejores macarons del mundo, los de Ladurée. Te los traje una vez cuando volví de París, pero tienes que probarlos estando allí. Saben incluso mejor. Cogeríamos un metro para ir al Louvre y entraríamos a ver algunas de sus zonas más emblemáticas. Más tarde nos entraría el hambre, comeríamos en una brasserie una soupe a l’oignon au fromage y de postre una crème brûlée.

Seguimos andando más y más. Subimos a Montmartre y nos quedamos maravillados con las vistas desde allí arriba. Vamos fotografiando cada rincón, perdiéndonos por sus calles sin mirar el mapa, qué mas dará. Es París, siempre encuentras algo bonito que ver. Volvemos al centro y pedimos un taxi a la Tour Eiffel paseamos por el Pont Alexandre III, Pont des Arts, nos quedamos maravillados con  Notre Dame, entramos en la famosa librería Shakespeare and Company… Se nos va acabando el día. Un día al que parece que le faltan horas.

Querría pasear toda la noche, tras bebernos una botella de vino entre los dos y tomarnos unos cuantos quesos. Me encantaría asegurarme de que no nos dejamos nada sin ver, que aprovechamos al máximo que estamos solos en una ciudad fuera de España, que somos jóvenes y tenemos energía para no parar de andar y de recorrer todas sus diferentes zonas.

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En algún momento volveríamos a la habitación y nos echaríamos en la cama, a dormir, muertos del cansancio pero no antes de comernos a besos como si no hubiese mañana, como si fuese el mejor fin de semana de nuestra vida, como si el mundo se acabase pasado mañana y nos pillara en medio de un viaje. Nuestro viaje. Me encantaría acostarme contigo y sentirme la persona más feliz del mundo, por estar esa noche juntos fuera de casa, por haber cumplido uno de tantos sueños que tenemos de viajar juntos.

Me muero de ganas de enseñarte ciudades en las que ya he estado, contigo seguro que son mil veces más bonitas, quiero que me enseñes esas en las que has estado tú de Italia. Tu única vez fuera de España y pudiste ver mucho más que yo en la bota italiana. También quiero estar en sitios donde no hayamos estado ninguno de los dos… Donde sea, pero juntos. No puedo parar de imaginarme viajando contigo en algún momento. Ojalá no tardemos mucho en hacer esas ilusiones realidad. Después de cuatro años juntos, tenemos mucho mundo que recorrer.

Te quiero.

De despedidas

Y entonces nos dijimos «hasta mañana»

Pero para eso hicieron falta 40 minutos. Probablemente los 40 minutos más largos en los que no sabíamos en cual de esos minutos sería el último beso. En los que cada vez que nos separábamos queríamos volver a juntarnos y no separarnos aún porque era pronto. Porque no quería irme, ni él quería que me fuese, pero se estaba haciendo tarde y el reloj ya marcaba las dos de la mañana.

Durante todo el día que pasamos juntos disfrutamos cada minuto. Estuvimos casi doce horas que nos dejaron con ganas de más. En la cena intercambiamos miradas, algunas con palabras, otras en silencio, susurros que me pedían que no llorara y lo mucho que me quería. Mucho me pedía con eso de no echar lagrimita al final. Nunca he tenido facilidad para llorar pero en los últimos tres meses he estado más sensible y las lágrimas me han salido sin ninguna complicación. No porque haya sido infeliz, sino porque últimamente me he emocionado con más facilidad.

Llegamos a la puerta de mi casa, esa que pueden vigilar todos los vecinos privilegiados que tienen las ventanas que miran hacia ella. Ventanas abiertas para que entre algo de aire en una noche con calor y se cuelen en las habitaciones las conversaciones y despedidas de los que pasan un rato ahí hasta marcharse.

Entonces ahí estaba yo, en ese momento que llevaba queriendo evitar todo el día. Por el que había llorado por la mañana antes de irme a pasar el día fuera, el que me llevaba rondando la cabeza el mismo día, al que tuve que enfrentarme durante esos 40 minutos, el que después me hizo llorar en casa al día siguiente y el que me acompañó el viaje hasta el destino de mis vacaciones.

«Mañana en cuanto llegues, llámame, estaré en el ensayo pero da igual, quiero saber que has llegado»

«Lo haré»

Nos abrazamos muy fuerte y empecé a llorar. No quería hacerlo porque me pidió que no lo hiciera, pero cuando me miró ya tenía los ojos llenos de lágrimas, rojos y manchados de negro por la pintura. Me pidió que me tranquilizara y le pedí perdón por no ser capaz de aguantarme la llorada pero me dijo que me desahogara, aunque así lo hiciera más difícil para los dos. Me separé, pude respirar hondo y le besé como si fuera la última vez. No quería que ese beso acabara nunca, si me separaba tendría que subir a casa. Entonces se me volvieron a saltar las lágrimas sin querer y me apoyé en su hombro otra vez. Me acariciaba el pelo y la espalda diciendo que no pasaba nada, que en pocos días volveríamos a vernos.

«¿Vendrás?»

«Voy. Sin condicionales.»

Le volví a besar.

Cuando creía que ese había sido el último beso me armé de valor para separarme, abrir la puerta y entrar en la urbanización. Le dije que le quería y empecé a subir los escalones. La tentación me pudo, haciendo que me girara y vi que seguía parado en la puerta mirando cómo me iba, a lo que le grité «¡VETE!» mientras volvía hacia él corriendo para echarme a llorar otra vez. Cuando logró tranquilizarme de nuevo, sí que fue el momento de despedirnos de verdad.

«Por favor, cuando me separe dime que  te irás al coche y no estarás detrás de mi»

«Vale…»

Nos besamos agarrándonos de las manos que se soltaron minutos después. Me giré y me prometí no mirar hacia atrás mientras le oí decir un hasta mañana que sabía que no sería porque hasta dentro de unas semanas no volvería a verle, pero sí hablaría con él todos los días.

Hasta mañana. Y me volví a echar a llorar, mientras subía en el ascensor y abría la puerta de mi casa, esta vez sin él y me traté de tranquilizar sola mientras hacía sentir culpable a mi madre por irnos de vacaciones.

Espera

Insistías. Y lo querías ya. Te repetías a ti misma que lo necesitabas para ser feliz. Y yo te digo que puedes serlo perfectamente sin necesidad de nada más. Con lo que tienes ahora puedes valerte por ti misma, seguir adelante y dejar que venga cuando sea el momento oportuno. Olvidate de buscarlo y perseguirlo. Ábrete y déjate llevar sin perder la cabeza, ya llegará cuando tenga que llegar. 

¿Sabes? No necesitas a nadie más. Cuando dejas de buscarlo aparece y sobre todo cuando menos te lo esperas. Déjate querer, verás como lo encuentras y no tan lejos como te imaginas.

Tener pareja es bonito, que lo que vivas parezca de película y que al contarselo a otra persona se te quede la misma sonrisa de siempre, también lo es. Pero eso no es fácil, tienes que dedicarle el tiempo necesario para asegurarte de que todas las piezas encajan bien.

Hasta que hoy has dicho que vas a dejar de pensar en lo mismo de siempre y que vas a ser feliz con lo que tienes dejando de pensar en que tiene que llegar ya. Y no sabes lo mucho que me alegra de que vayas a verlo todo así.

Dibujar corazones en todas las esquinas de una hoja de papel o escribir siempre la misma fecha, o esas iniciales y que tú me mires con la misma cara de siempre. No entiendo cómo no te aburres teniéndome al lado todos los días, contemplando el mismo panorama de las horas más aburridas en clase. Pero lo haces. Y si no escribo algo en una hoja nueva, lo haces tú por mi rodeándolo de caritas felices

Déjalo

Te duele, lo sabes y no quieres ser consciente de lo que pasa. Que le quieres como nunca has querido a nadie y que todo ese tiempo juntos marca tanto que no quieres olvidar nunca lo que has vivido con él. Que ha sido con quien te has abierto y a quien le has entregado todo. Todo lo que tienes de ti misma a una única persona que ahora te hace sufrir y te trata mal. Y serías capaz de tragar todo esto por seguir con él, con la persona a la que amas y con quien quieres estar siempre.

Pero llevas dos años y seis meses de tu vida con esa persona, con la que desde hace un año empezaste a tener peleas, donde vuestras personalidades empezaron a chocar, donde surgirian enfados de odiaros por momentos. Y de esos enfados que se resolvian en el mismo dia con una llamada por la noche, otros podian durar a veces hasta el día siguiente, pasaba otro tiempo de amor y felicidad hasta que había otro choque.

¿No crees que podian ser indicios de que eso podría empeorar? Para nada. Peleillas tienen todas las parejas y vosotros no vais a ser menos, siempre y cuando se arregle y acabe bien, no pasa nada. Como dicen algunos “es mejor aclarar las cosas antes de irte a dormir” y vosotros la mayoría de las veces lo habéis hecho así.

Hasta que un enfado sobre el otro hizo las primeras desconfianzas y el poner en duda la relación, motivos por los que al cumplir dos años no eras la persona más feliz del planeta. Crisis. Un ciclo que no puedes cortar en el momento justo, dejando las peores etapas atrás y seguir con las mejores hacia delante. Pero cuando ese ciclo que suele ser largo, acaba convirtiendose en rutina y metiendo los peores momentos en cada detalle de la relación es cuando te tienes que plantear qué debes realmente hacer.

Una relación en la que vives bien tres días y al cuarto discutes para estar mal otros dos días y acabar teniendo broncas todos los meses ¿no son suficientes señales para avisarte de que no puedes seguir asi? No es sano. Y no quieres verlo. Te culpas por cosas que no tienen sentido cuando no has querido hacer nada para estropear la relación. Que estás enamorada y que quieres hacer todo lo que esté en tus manos porque eso no acabe. Incluso tragarlo todo.

Pero eso no llevará a ninguna parte, sabiendo lo que ocurre al otro lado de la relación, sabiendo la desconfianza con la que dices que quieres seguir viviendo con él. Con esa poca confianza que queda que una vez que pierdes es muy dificil volver a recuperar. Abre los ojos y no te hagas más daño, que amar es difícil y con una persona que te hace esto, aún más.

De cómo y cuándo decir un te quiero

Por teléfono…

-¿Me quieres?-

-¿Porqué me preguntas algo de lo que ya sabes la respuesta?-

-Porque quiero que me lo digas otra vez…

-Te quiero y eres la única persona a la que quiero de esta manera-

-Vale, hazme un favor ¿puedes decirme eso mismo mañana en persona?-

Al día siguiente.

-¿Puedo decirte una cosa?-

-¡Espera, espera! Cuando estemos en el teleférico…-

-¿Porqué? ¿Es que sabes lo que te voy a decir?-

-Me hago la idea, soy así de creída-

-Pues igual no es lo que tú crees… ¿Y si no te gusta lo que te voy a decir?-

-Te tiro del teleférico para que caigas en medio de la Casa de Campo-

En el teleférico.

-Te quiero Claudia-

-Ahora es cuando te miro e inmediatamente te beso…-

Cenando.

-Me da miedo pensar que pueda pasar cualquier cosa y todo se acabe-

-¿Porqué piensas eso?-

-Porque a veces cuando parece que todo está perfecto resulta que… lo dejas, así, de repente y a veces te pilla por sorpresa. Que crees que todo está bien y se te acerca esa persona y te dice de que os deis un tiempo y luego no quieres estar más así y se acaba. Y no quiero que pase eso, quiero disfrutar cada día contigo porque ahora no quiero que nadie más te sustituya. No quiero imaginarme con otra persona. Tampoco quiero creer que soy una ilusa por pensar esto. Es sólo que tengo miedo de que se acabe y perderte-

La mesa es lo que nos separa. Te levantarías en medio del restaurante para plantarle un beso, pero hay que guardar las formas y esperar a que venga el postre, luego a la salida ya podrás. Entonces te limitas a mirarle fijamente, en un silencio que no es incómodo. De esas miradas que lo dicen todo y hablan por sí solas. Y entonces cuando vas a hablar para decir algo te corta diciendo:

-Eres la persona más importante que tengo y a la que más quiero-

Entonces acercas la mano a la suya para que te la coja y te de un beso en ella.

Porque cuando estás con tu pareja sabes que para estar donde estás ha tenido que pasar un tiempo para que os conozcáis, aprender cuales son sus fallos y defectos, las cosas que le gustan y sus virtudes. Para eso hacen falta meses, años y cuando crees que la conoces de verdad, aún tendrá algo con lo que volverte a sorprender. Dicen que nunca se acaba de conocer a una persona ¿verdad?