Adolescencia

Hoy me caes bien.

Mañana eres mi mejor amigo.

Pasado nos cabreamos.

Al otro no te quiero ver ni en pintura.

Es un ejemplo exagerado, pero es mas o menos como son las relaciones cuando estás en estas edades. En muy poco tiempo estableces muchas relaciones con distintas personas, no paras de conocer gente y éstos no paran de conocerte a ti. Puedes conocer a alguien que en el momento te cae bien, que al día siguiente te caiga mejor, que haya un cabreo tonto, que después te caiga mal y no quieras volver a saber de ella.

Con la misma facilidad con la que conoces a alguien con la que acabas cabreado, tambien puede haber una buena relación. De no llegar a conocer a una persona de nada, que haya un juego de miradas, echarle valor, ir a hablar con ella, seguir hablando por chat un par de semanas, darte cuenta de que os lleváis fenomenal, que te empiece a gustar, quedar, plantarle un beso, estar feliz con ella, volver a quedar, que haya otro beso, irte a casa y echarla de menos, que ahora tengas una relación con esa persona y que te vaya bien. En dos meses y medio puedes pasar de no conocer a una persona a haberte abierto a ella, tener confianza y querer estar con ella todos los días. Con esa persona que a principios de año no tenías ni idea de que existía.

Así son las relaciones cuando eres adolescente. De pequeño son más superficiales, tienes amigos con los que juegas en el colegio, a quienes ves en el parque cuando te lleva mamá y a quien les dices que al día siguiente “te invito a merendar galletas de chocolate a mi casa y luego vemos una peli”.

Cuando eres adulto tienes las relaciones fijadas, tus amigos de siempre y los que igual no son de siempre pero como si lo fueran. Estás a gusto con tu gente y no tienes la necesidad de conocer a más. Si aún así sigues conociendo, genial, abres tu círculo de amistades, pero siempre tienes claro quienes son personas importantes y quienes no. Que si te cabreas da igual porque sabes que esa persona no merecía la pena, no vas a andar detrás de ella perdiendo el tiempo, eres mayorcito y ya tienes una edad.

A la adolescencia le puedes decir que es una fresca porque es demasiado abierta y está todo el rato conociendo a gente. Le da igual todo. Mañana conoces a una persona y al día siguiente no te acuerdas. Todo da igual y eres un ignorante. Aún así, te lo pasas bien, disfrutas de ella y cuando pasan los años la añoras pensando “aquellos años locos”. Porque igual son pocos los que dura esta etapa, que se pasa volando, aunque al vivirla te apetece crecer y tener más edad para ser aún más libre y no depender de nadie. Quieres crecer, deprisa, vivirlo todo, comportarte como un adulto aunque no lo seas, equivocarte, aprender de tus errores, caerte, levantarte y seguir adelante.

Entonces es cuando te dice un mayor, que ha pasado por lo mismo que tú, hará más o menos años, pero que sabe de lo que habla “Todo a su tiempo, no tengas ninguna prisa”

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